Calle O’Higgins, frente al acceso principal al estadio de la Confederación Deportiva de Magallanes. Avenida Bulnes, a un centenar de metros al norte de calle Club Hípico. Calle Manuel Rodríguez, al llegar a Briceño.
¿Quiere más lugares?
Es cosa de que, si tiene tiempo, se dé una vuelta por diversos sectores residenciales de Punta Arenas y va a encontrar, en muchos puntos, el mismo paisaje: cables telefónicos en el suelo, a media altura o colgando de los postes del tendido eléctrico.
Es consecuencia del viento y de la poca resistencia que, dicen los técnicos, tiene ese tipo de cableado.
Los cables del tendido eléctrico son otra cosa: cuesta que se corten o que bajen su altura a niveles peligrosos para los peatones que saben reconocer el peligro de la electricidad, aunque generalmente, el fluido se corta en forma automática cuando se presenta algún problema y el personal de la Empresa Eléctrica de Magallanes se apersona hasta el sitio del suceso.
Pero, con los cables de los servicios de telecomunicaciones, de la televisión por cable y los rezagos de otros servicios, al parecer, están en tierra de nadie.
Si un lector se encuentra con un cable telefónico debe formular un reclamo en las oficinas de las compañías, identificándose como corresponde. Ese reclamo es dirigido, dentro de los plazos internos de cada compañía, a sus servicios técnicos. Estos proceden a hacer una evaluación y, posteriormente, se da la orden para que una empresa contratista acuda al lugar de esa “emergencia”, lo cual irroga un costo para el mandante.
¿Explicaría ese proceso, calificado por alguien que lo vivió, la demora en la recogida de los cables tirados en el suelo, en pasajes, calles y avenidas de la ciudad, por ejemplo, en los que ya se mencionaron? ¿Qué pasaría si algunas personas, en situación de calle, por ejemplo, decidieran recoger esos metros y metros de cable en cuyo interior hay alambre de cobre y decidieran venderlo en algunos establecimientos que compran metales y, con esos recursos en las manos, “machetear” un poco menos para reunir lo necesario para su “ladrillo” de vino de cualquier cepa y cualquier color?
¿Esas personas podrían ser detenidas por el delito de “hurto de hallazgo”? ¿Y si esos cables los recogiera el personal de una empresa contratista del municipio o de la Dirección de Aseo, Ornato y Control de Contratos y los llevara al vertedero de Leñadura?
¿O el Ministerio de Transportes y Telecomunicaciones podría entregar un instructivo a las empresas para una recogida general de cables abandonados?
¿Y si las mismas empresas de telecomunicaciones, tan en boga por estos días, decidieran aportar a mejorar el paisaje urbano de Punta Arenas, una ciudad turística y que ya empieza a recibir visitantes chilenos y extranjeros, y ser ellas mismas las que procedieran a recoger esos miles de metros de cables que están afeando a la ciudad?