Desde el inicio de la pandemia se creyó que la enfermedad solo afectaba a los adultos mayores que son denominados “grupo de riesgo”, pero al mismo momento la Seremi de Salud indicaba que las personas menores de 39 años son los que más se contagiaban, misma tónica que se presenta a nivel nacional.
Otro aspecto que se mencionaba es que las personas con enfermedades crónicas eran los más propensos a desarrollar el virus, pero ahora se han dado varios casos de personas jóvenes sin ningún tipo de enfermedad que desarrollan el Covid-19.
Lo mismo sucede con las personas que desarrollan el virus, una gran parte desarrolla síntomas y el mínimo son asintomáticos. Pues eso cambió ya que en el reporte del domingo y de ayer de la autoridad sanitaria donde se notificaron más de 60 casos, la mayoría de ellos nos presentaron síntomas.
El testimonio de Belén
Belén Cheuquepan es una mujer joven de 27 años que trabaja como auxiliar de aseo en el Hospital Clínico de Magallanes. Ella no presenta ningún tipo de enfermedad, es una mujer sana y aún así se contagió del virus.
Desde el 27 de marzo la joven madre de una pequeña inició sus trabajos como personal de aseo, 20 días después le entregaron su confirmación de PCR positivo.
“Durante 3 días estuve con dolor de cabeza -eran horribles- incluso tan fuertes que llegaba a vomitar. Por un momento creía que era el cloro que utilizamos porque es súper fuerte. Le avisé a mi jefa en la mañana que iba a trabajar, porque ese día me sentía bien y como a las 3 horas me mandó a urgencias porque me volví a sentir mal. Dos días después había salido como positivo”, cuenta Belén.
La magallánica pasó su cuarentena en un hotel sanitario porque vivía en una pensión con otras doce personas (cada uno en su habitación) y para no propagar el virus la autoridad sanitaria la envió a estas residencias. Belén resume esta experiencia como “excelente” por todas las atenciones médicas y básicas durante su estadía. Los malos ratos llegaron después.
“Tres días antes de salir del hotel sanitario, la persona encargada de la residencia (donde vivía) me dijo que tenía que desalojar porque no quería que personas contagiadas estuvieran en la residencia, sabiendo también que cuando volviera ya no iba a estar contagiada. Fue un momento muy duro y de mucha angustia porque iba a ser complicado que alguien me recibiera si decía que yo estuve contagiada, iba a ser muy difícil encontrar algún lugar”, cuenta Cheuquepan con angustia.
La mujer enfatiza que ese fue un episodio de discriminación al igual que muchos otros que por trabajar en el hospital ha tenido que aguantar. “Cuando me subo a un colectivo y digo que voy al hospital me miran raro, bajan los vidrios y tiran desodorante ambiental”.