Los riesgos del cortocircuito y gobernanza compartida

 

La
estrategia planteada por el Colegio Médico tiene dos propósitos
declarados: eliminar la presencia de Covid-19 en el país e impedir su
reaparición y blindar a la población frente a riesgos inminentes, como
la entrada de nuevas variantes. Pero las premisas sobre las que se basa
esta estrategia parten de un diagnóstico que está evidentemente sesgado
con respecto al manejo de la pandemia en el país.

Si se analizan los
indicadores de los que se da cuenta diariamente en el reporte Covid-19 y
se comparan con los de otros países, incluyendo los “desarrollados”,
podemos ver que no lo hemos hecho tan mal. Italia tiene 2.103 fallecidos
por millón de habitantes producto de la pandemia, Inglaterra (1.888) y
EE.UU. (1.814). En nuestro continente la realidad es más dolorosa: Perú
(5.740), Brasil (2.322), Argentina (1.930) y Chile, (1.617). (Fuente:
Our World in Data) Lo razonable es reconocer que estamos enfrentando una
epidemia de enorme envergadura, velocidad de difusión y gravedad, para
la cual no estábamos preparados, ni en Chile ni en el resto del mundo. Y
que ningún país tiene una receta única.

Todos hemos ido aprendiendo
tras ensayo y error. Se implementó tempranamente un plan de acción que
ha permitido a la fecha tener a más de 61% de la población con su
esquema de vacunación completo. Se cuadruplicó la capacidad hospitalaria
a través de la integración de la red pública y privada, la adquisición
de ventiladores y otros insumos, la contratación de personal y la
reorganización del sistema sanitario, entre muchas otras medidas.

De
las propuestas planteadas por el Colmed hay dos fundamentales: una
nueva gobernanza y cortocircuito epidémico. La primera implica la
creación de tres cuerpos colegiados: un consejo de manejo de la
pandemia, un equipo estratégico y un comité de emergencia. Esta nueva
organización no garantiza una mejoría de la estrategia implementada. Por
el contrario, es predecible que en la interacción de estos tres grupos
de trabajo, muy heterogéneos y de variables competencias técnicas, surja
más bien un elemento de dificultad y complejidad en las decisiones.
Adicionalmente, al diluir la responsabilidad central del Ministerio de
Salud se hace mucho más difícil establecer responsabilidades en el
proceso. La propuesta del cortocircuito epidémico sorprende por su
ingenuidad. Llevamos un año y medio de cuarentenas parciales o totales,
que han producido un fuerte desgaste de la población y que evidencian
que no se respetan adecuadamente.

La razón fundamental deriva de sus
“costos colaterales” que el Colmed subvalora. ¿Cómo pretenden entonces
implementarlas? En esta hora desafiante es indispensable unir fuerzas
abandonando todo intento de utilizar la pandemia para fortalecer una
visión política y debilitar otras. Lo que importa es el futuro de
millones de personas que verán un escenario peor si avanzamos por el
camino equivocado. Es tiempo de reconocer que tendremos que convivir con
el virus por meses o años. Su extremada capacidad de mutación hace
probable que tengamos que aprender a reconstruir nuestra vida en todos
sus ámbitos. No hay receta única. Es muy probable que muchas veces nos
equivoquemos, pero persistir en la visión de los “ayatolas de la
cuarentena” no es viable. Hay países que reabrieron sus colegios y
algunas actividades productivas tomando medidas de precaución y han
seguido adelante.

La acción de la autoridad sanitaria de ensayo-error en
la búsqueda de alternativas debemos apoyarla lealmente, sin usar
algunas fallas como munición, sino como una oportunidad para aprender a
hacerlo mejor. Lo que sí destacaría de la propuesta del Colmed serían:
la estrategia de comunicación de riesgo, de mitigación en espacios
cerrados y el concepto de burbuja territorial, las que vale la pena
estudiarlas y ensayarlas en la búsqueda de normalizar con seguridad.

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