La descripción de la
tradicional empanada indica que es una fina, ojalá lo más fina posible, masa de
pan, rellena con carne picada, blanda y jugosa; más huevo duro, aceituna, si es
de horno (las fritas no la llevan), pasas, una pizca de sal y condimentos al
gusto del maestro o del chef que asume la tarea de fabricarlas.
Parece sencillo, pero no lo
es, porque requiere de la experiencia adquirida en el hogar, en el caso de las
tías y mamitas que las preparan en sus casas, o de largos años de trabajo (y
práctica) logrados en el trabajo como pinche de cocina, primero, como maestro,
después y como chef, si se cursaron estudios (y práctica) de gastronomía.
Algunos estudios culinarios
indican que la empanada es un aporte gastronómico que trajeron los
conquistadores españoles, no sólo a Chile, sino que a todas sus colonias.
Pero otros, más audaces,
indican que los hispanos recibieron esa herencia de los árabes.
Pero de donde quiera que
hayan venido, las empanadas de horno o fritas forman parte de la carta de
comidas chilenas por excelencia, junto al arrollado huaso; la cazuela de pava
con chuchoca; el pernil de chancho; el ceviche marinero y el mariscal, frío o
caliente, según los paladares y las siempre reconfortantes cazuelas de gallina
o pollo, siempre bienvenidas después de una noche bien regada.
Voces magallánicas
Celso Vargas, casado, dos
hijos, oriundo de una isla de Chiloé, dijo, orgulloso, que desde hace más de 40
de sus 65 años, lleva haciendo empanadas que los concurrentes a los comedores
del Club Croata de Punta Arenas y muchos otros que las solicitan para llevarlas
a sus casas, disfrutan a diario, más aún en Fiestas Patrias.
“Uso carne molida, de
primera, que primero hiervo con todos los condimentos que necesita, luego
procedo a picarla y el caldo lo dejo para ‘animar’ el pino, el cual lleva
pasas, una gotas de aceite, huevos y aliños varios”, dijo Vargas, satisfecho de
sus obras que, por Fiestas Patrias, suman un buen par de cientos.
Llevadas al horno, deben
salir doradas, pero sin quemarse y hay que acompañarlas con un buen vino tinto.
Pero todo es cuestión de gustos, afirmó el maestro de la cocina del Club Croata
quien además, es el responsable de un equipo que prepara los platos que ofrece
la carta nacional e internacional del tradicional restaurante de Punta Arenas.