La noche del domingo 8 de septiembre de 2013, hace tres años, se tiñó de rojo. Hasta Zenteno con Pasaje Armando Barría Triviño se movilizó Carabineros por una persona fallecida a bala. La víctima era Mario Wolf Blanco, de 33 años.
Mientras este procedimiento se encontraba en pleno desarrollo, 30 minutos después, alrededor de las 21.30 horas, otro incidente policial movilizaba al SAMU y Carabineros hasta el frontis del domicilio de Pasaje Peralta
Nº 0144, donde un hombre de 39 años, identificado como Claudio Sandoval Antilef, también había sido baleado, a la altura del cuello, con un proyectil que entró y salió, quedando internado con riesgo vital.
Dos años después, en julio de 2015, Claudio Sandoval falleció.
Entre estas dos víctimas fatales hay un nombre en común: Juan Alejandro Ruiz Varas, el autor de los disparos y pareja de Carola Barría Guerrero, quien les disparó cegado por celos. Una reacción que hasta los días de hoy Carola no entiende ni acepta, para justificar los crímenes que cometió.
Fue la propia ceguera interna de Juan Ruiz que lo llevó a tomar a su mujer, la madre de sus dos hijos, y cometer tal acto irracional. A la fuerza la subió a un vehículo y en medio de una discusión le arrancó los ojos. Luego la dejó abandonada en Avenida Los Flamencos, donde Carola fue encontrada y llevada al hospital clínico.
Al día siguiente, el autor de los disparos, Juan Ruiz, fue ubicado por Carabineros en un sitio eriazo cercano al Barrio Industrial donde terminó herido a bala. Luego de ser trasladado al hospital clínico, tres horas después falleció.
Sorprende
Han transcurrido tres años y realmente sorprende constatar cómo Carola Barría ha sabido salir adelante, junto a sus tres hijos (Alan, Ignacio y Juan, de 15, 4 y 3 años de edad respectivamente), y el apoyo incondicional de sus queridos padres.
Carola es una mujer con un temple de acero y ganas tremendas de salir adelante y progresar. No le bastó con estudiar una carrera técnica en el Santo Tomás, de Educación Especial, sino que años después se tituló de Educadora de Párvulos en la Universidad del Mar.
Consiguió del Estado una pensión de gracia de por vida y además ya tiene su casa propia, donde vive con dos de sus tres hijos.
Fatídico 8 de septiembre
En dependencias del Liceo Politécnico María Behety, donde trabaja Carola Barría, Pingüino Multimedia conversó con ella.
“Ese 8 de septiembre de 2013 marcó el resto de mi vida. Siempre será un día significativo, no para recordar una tragedia sino que para valorarme como persona y como mujer. Es un día que significa una nueva vida. Una paz que quizás nadie entiende, pero la siento, la tengo y es un día que lógicamente jamás olvidaré. No me atormenta, no sufro por eso, tampoco gozo de felicidad, pero sí de tranquilidad. Es un día que me devolvió la dignidad como persona”.
“Quizás me quitaron la luz, pero no me quitaron los colores porque mi vida sigue siendo de colores. Yo la disfruto a cada momento. Adoro mi trabajo, es algo a lo que pronto quería regresar, porque sabía que me iba a ayudar mucho. Mi vida hoy está en paz”.
– Carola, ¿cómo recuerda usted el momento en que la informan que pierde la vista para siempre?
“De que dejé de ver, me di cuenta enseguida. Pero de que esto sería irreversible, debido a un daño en el nervio óptico, por mi médico tratante. Aunque conservaba una pequeña esperanza de que algo me podría ayudar a ver, porque no dimensionaba el daño, pero ahí me dicen nunca más. Ese momento fue desesperante. Me preguntaba qué voy a hacer ahora, sin ver, cómo voy a vivir, pensando ignorantemente de que la vida misma es a través de los ojos, pero después te das cuenta que no es así”.
– ¿Ha tenido algún contacto o acercamiento con la abuela de sus hijos (la madre de Juan Ruiz)?
“Sí, lo hubo, pero ella es una buena persona. Estuvo pendiente de los niños, pero también entiendo la soledad y el dolor de ella. Es una persona a quien yo quiero mucho y siempre le he dicho que sus nietos están. Cuando ella se sienta bien sus nietos siempre van a estar ahí”.
– ¿En algún minuto le pidió perdón por lo que hizo su hijo?
“No lo recuerdo, pero no tendría por qué hacerlo. No es su responsabilidad ni su culpa. La responsabilidad de lo sucedido no recae en ella”.
– Usted es una persona admirable, por la forma en que ha enfrentado este proceso…
“Siempre voy hacia adelante. Los recuerdos no se van a ir nunca, pero no son para atormentarme, esas cosas no me sirven. No puedo vivir del pasado, salvo para sacar ejemplos. Quiero continuar mi vida, criar a mis hijos y tratar de llegar a un cien por ciento de independencia. Voy a tener secuelas de por vida, pero no voy a llorar por eso, sino que voy a aprender a vivir así, como lo estoy haciendo ahora”.
(Nota: Edmundo Rosinelli)