“Muestra Criolla” abrió con dos horas de retraso, debido al fuerte viento reinante

Eran las tres de la tarde de ayer
y mientras las banderas chilena y magallánica flameaban con furia, en el Parque
María Behety, decenas de personas intentaban colarse al interior del recinto
por debajo de las rejas, para entrar y disfrutar de la oferta que allí esperaba.

Durante dos horas, reinó la
preocupación entre los puesteros del recinto, mientras el viento parecía no dar
tregua. Mientras las autoridades esperaban una mínima señal para poder abrir,
decenas y pronto cientos de personas empezaron a agolparse en los alrededores a
la espera de ingresar por las buenas o las malas, hasta el parque donde los
esperaban impacientes, la promesa de choripanes, anticuchos y mote con huesillo
que ha caracterizado por años, a la Muestra Criolla de Punta Arenas.

Finalmente, a las 17 horas, las
puertas se abrieron y la tranquilidad y alegría empezaron a contagiarse en el
recinto.

Jonathan Díaz, uno de los
puesteros, recordó esos instantes de tensión: “Se suponía que abrirían las
puertas a las tres de la tarde, pero como al mediodía, se dijo que iban a
esperar que el viento disminuyera y que no se sabía si iban a abrir. Entonces,
esto se llenó de gente que empezó a entrar por todas partes por debajo de las
rejas y empezar a consumir lo que teníamos. Por suerte, al final, como a las cinco
de la tarde, decidieron abrir las puertas y la gente empezó a llegar. Lo malo
es que recién ahora, nos dieron la autorización para encender los ‘chulengos’ y
por eso todo estamos recién prendiendo todo y empezando a cocinar”, indicó
Díaz.

Sobre su puesto, los precios
indicaban los valores exhibidos al público y que se repetían en la mayoría:
completos a mil pesos; longapan, mil pesos; anticuchos a mil y mote con
huesillo a mil.

Decididos a luchar contra el
viento y la adversidad, los locatarios de la Muestra Criolla 2017 se mantendrán
funcionando hasta el domingo 24 de septiembre, en horario de 11 a 22 horas.

 

Público y puesteros

Mónica Gallardo, visitante de
Talcahuano, se mostró poco impresionada por lo que vio. “Con mi marido venimos
de Talcahuano y Pucón y estamos mirando y disfrutando de todo esto. En realidad
no es mucho más lo que podríamos opinar”, comentó escuetamente.

Nadio Morales, puestero que
ofrecía un “reponedor” café y anticuchos en medio del sector dedicado a los
juegos criollos, se mostraba conforme a pesar de la adversidad. “La venta está
recién empezando pues el recinto se mantuvo cerrado y como no nos dejaban encender
los ‘chulengos’, no podíamos preparar los choripanes y anticuchos. En todo
caso, no me puedo quejar pues ha llegado harta gente y aunque las ventas han
estado regulares, hasta ahora, creo que vamos a estar bien”.

Luego, en un rato de desahogo,
expresó su opinión de lo que ha sido su experiencia en ésta, la primera vez que
se instala en el recinto. “Nosotros traíamos todo ya preparado con planchas
prefabricadas. Nos demaramos menos de media hora en instalarnos. Pero he visto
gente que todavía trae toldos de lona y ya todos vimos lo que pasó con los
daños que se produjeron. Creo que eso no puede ser si todos sabemos el viento
que hay aquí en Punta Arenas y sobre todo en este sector que es tan abierto. Se
puede mejorar mucho por ofrecer un mejor producto a la gente, pero también creo
que la autoridad debiera hacer su parte con las regulaciones que pone. La culpa
no es del chancho, sino del que le pone el afrecho”.

Pero al público magallánico, la
oferta parecía no disgustarle, ya que miles de personas repletaban a esa hora
el recinto.

Entre ellos, Mario Figueroa
resumía el sentir de muchos: “Me parece bien lo que hay, pues está acorde
también con los precios que uno paga que son bastante baratos. Eso sí, me
gustaría que hubiera más variedad y que no sólo hubiera choripanes y
anticuchos. Eso creo que mejoraría”, expresó.

Y si de precios se trata, la
experiencia parecía indicar que no necesariamente, vender barato puede ser la
mejor estrategia.

Sixto Valásquez, quien se define
como “el puestero más antiguo del recinto”, indicó: “No creo que haya que
vender tan barato. Yo soy el que llevo más tiempo y vendo mis choripanes y
anticuchos a mil 500 pesos, pero siempre con productos de calidad y eso la
gente lo reconoce y por eso es que he permanecido en el negocio”.

Al mirar en su entorno, Valásquez
destaca que hay avances en la muestra de este año. “Se ve que hay más orden,
hubo un esfuerzo por uniformar los puestos que estuvieran todos de un mismo
color, en este caso el azul, y eso es bueno. En el tiempo que he trabajado
aquí, he visto muchas cosas. Por ejemplo, más de una vez, mientras dormíamos en
el puesto, vimos volar otros puestos contiguos, debido al fuerte viento y la
gente desesperada por salvar su inversión”.

Una inversión que no es menor ya
que, según los distintos puesteros, ésta bordeaba los 500 mil a 900 mil pesos,
entre patentes, stand y mercadería.

 

Juegos infantiles

En lo alto del recinto, los
juegos infantiles mantenían entretenidos a algunos valientes niños que
enfrentaban el viento, en medio de los toboganes inflables.

Sandro Castro era uno de los
padres que cuidaba allí a su hijo de cuatro años. “Me parece bien la muestra y
todo lo que tienen, me gustó bastante. ¿Los juegos?, creo que están caros. Dos
mil pesos por 15 minutos, me parece que es mucho para un padre de familia que
anda con sus hijos”, indicó.

Rodrigo Pérez, visitante de
Santiago, fue aún más drástico. “Asqueroso, ni siquiera hay empanadas y los
juegos infantiles están muy caros”, sostuvo.

Un poco más allá, Jorge Rivas
opinaba diferente: “El precio de los juegos infantiles está bien. En otros
lados, aquí mismo en Punta Arenas el precio por subirse a un tobogpán por 10
minutos es de 2 mil 500 pesos, o sea más caro todavía”.

Finalmente, Rodrigo Andrade era
uno de los pocos puesteros que vendía ayer empanadas. “Vi que había muy pocos
locales que vendían empanadas así que decidí traer por mi cuenta. El problema
es que aquí no hay forma de elaborarlas pues no están dadas las condiciones.
Puedes comprarlas afuera y traer la boleta, pero en cuanto la fábrica se da
cuenta que es para venderlas, de inmediato te suben el precio y no te sale a
cuenta”, nos dice, mientras una pocas empanadas de horno se mantenían calientes
en un chulengo encendido junto a los choripanes, por un valor de 500 pesos, la
unidad.

En lo alto, mientras tanto, el
viento seguía arreciando y las banderas chilena y magallánica flameaban con
furia, mientras los niños jugaban entre los toboganes inflables del Parque
María Behety.

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