Los refugios para peatones, en su momento, fueron una novedad y un orgullo para todos los residentes de Punta Arenas.
Eran luminosos, estaban limpios y su diseño y construcción, más la evidente utilidad cuando el clima magallánico hace de las suyas, borraron el sabor amargo de los contribuyentes por el alto costo que implicó levantarlos.
Pero estaban allí y muy útiles.
Sin embargo, a poco andar, esas construcciones acogieron a personas en situación de calle, quienes los emplearon como ocasionales dormitorios, baños públicos y hasta para otros usos.
Personal municipal los limpiaba y seguía manteniéndolos en condiciones más que aceptables.
Pero, y algunos dijeron que estaba escrito que así sería, hicieron su aparición los vándalos de ayer, de hoy y, seguramente, de mañana.
Los cubrieron con imágenes y lecturas que son indescifrables para la gente común y corriente, que sólo ellos pueden entender y que parece ser una forma de “arte popular joven” que protesta, que rechaza lo hermoso y apuesta por el modelo de la fealdad, importado de latitudes lejanas y ajenas, junto con los capuchones y pantalones anchos, negros, de preferencia.
No contentos con ello, rompieron parte de la estructura de material altamente resistente (antivandálicos, se dijo) y por esos agujeros hoy pasa el agua de la lluvia, el viento y la nieve, cuando se presentan.
¿Quién va a reaccionar? ¿Quién dirá basta, es más que suficiente? ¿Los organismos públicos seguirán gastando recursos en limpiar y reparar esos refugios? ¿O será necesario que personas normales, respetuosas del bien común y orgullosas de ese aporte, tomen la justicia por sus manos y les hagan saber a los autores de esos atentados “lo que es canela”?.
Habrá que esperar, pero mientras tanto, vean, estimado lectores, en qué estado se encuentran nuestros refugios peatonales en los paraderos de la locomoción colectiva de Punta Arenas. Desde esta crónica esperamos que las autoridades hagan algo a la brevedad, porque de lo contrario seguiremos pasando vergüenza ante las numerosas visitas de turistas que ya comenzaron a llegar a la capital de la hermosa y prístina Región de Magallanes.