Mario Oyarzún Contreras está al frente de un equipo de profesionales de la salud, trabajadores sociales, paramédicos, técnicos en educación parvularia y personal de apoyo que han asumido una tarea que trasciende el mero sueldo mensual, porque motivados por la herencia afectiva que dejara en Chile y en Magallanes San Alberto Hurtado, la cumplen día tras día, sin cejar en ningún momento.
Todos ellos cumplen una misión solidaria que les permite afirmar que “nosotros acogemos a los que están más solos y vulnerables”, muchos de ellos adultos mayores que parecieran haber muerto en vida para sus familias, o que se han lanzado a las calles a “machetear” a los transeúntes para reunir las monedas necesarias para comprar alcohol y aturdirse, sepultando motivos y razones que sólo ellos conocen a fondo, aunque han demostrado su cariño por los demás, especialmente por los niños en rehabilitación y -pese a sus carencias- entregaron 1 millón de pesos en las recientes Jornadas organizadas por el Club de Leones en Magallanes..
“Nosotros trabajamos tres líneas temáticas -explica Mario Oyarzún- y atendemos a 136 niños en nuestro jardín infantil; a 42 adultos mayores y a unas 50 personas en situación de calle que, en invierno, pueden llegar a superar las 70”.
Otros mundos
En estos mundos “se requiere tener vocación de servicio, hacer realidad la solidaridad y el amor a los que están más solos o son más vulnerables” y Oyarzún manifestó que pese a las dificultades que ofrece este trabajo, “tenemos muy poca rotación de personal”, porque estas personas han asumido el compromiso de servir a los demás.
Mario Oyarzún se desempeña en el Hogar de Cristo de Punta Arenas desde mayo del año 2014 y, por estos días, está al frente de 87 personas que atienden a más de 400 usuarios.
La obra solidaria ha recibido críticas porque, por ejemplo, ha habido problemas en la hospedería ubicada en la Avenida España, ya que algunas de las personas que van a dormir allí, riñen entre ellas cuando el consumo excesivo de alcohol las altera demasiado.
“Pero nos reservamos el derecho de admisión, aunque es difícil hacer real una negativa en la tarde-noche de invierno, por ejemplo, y debemos resguardar la integridad física y sicológica de nuestros funcionarios”, explicó Oyarzún.
Las historias
Detrás de cada adulto en estado vulnerable, se afirma, hubo un joven que no se ocupó de su futuro, aunque las circunstancias de la vida de cada uno implican un mundo aparte.
Ha habido y hay más de lo que la comunidad pudiera imaginar, hijos y nietos que se olvidaron de sus padres y abuelos y nunca han ido a la residencia del adulto mayor de calle Balmaceda.
Este es un edificio con historias singulares: allí funcionó el Colegio Alemán, en sus inicios, después tuvo otros fines, como haber acogido a la famosa quinta de recreo Normita y La Casa de la Novia, hasta que la Iglesia Católica la donó a la fundación, cumpliendo la promesa realizada con motivo de la visita del Papa Juan Pablo II a Magallanes.
“El color de la fachada es el corporativo y vamos a tener que usarlo en el nuevo edificio”, sonríe Contreras.
La buena nueva
Conversaciones y negociaciones con Bienes Nacionales, con el intendente Jorge Flies y con el presidente del Consejo Regional, Miguel Sierpe, y gestiones “por aquí y por allá”, permitieron que se materialice una permuta del edificio actual por terrenos ubicados en el sector de la Población Cardenal Silva Henríquez, más precisamente en la calle Juan Carlos Ruiz Mancilla”, señaló Oyarzún.
Allí se levantará un edificio moderno, que permitirá atender a 48 adultos mayores y otras dependencias, aunque para habilitar como corresponde esta nueva residencia, se necesitarán unos 3 mil millones de pesos, financiamiento que no es fácil de lograr.
Pero tal como decía San Alberto Hurtado: “Dios proveerá” lo necesario para esta tarea solidaria y se construirá y equipará como se requiere la nueva residencia.
No estamos solos
Mario Oyarzún sabe que en esta tarea de atender a niños, de una manera u otra, un tanto carenciados, o a personas solas o en estado de vulnerabilidad, la obra del Padre Hurtado no está sola en Punta Arenas.
“Recibimos donaciones y ayuda de muchas personas que, en forma anónima, nos donan ropa, calzado, vestuario y que nosotros tenemos para quienes lo necesitan o lo piden y eso amplía la labor que hemos venido cumpliendo”, explicó y agradeció a personas de buena voluntad que integran organizaciones solidarias como las patrullas Puro Corazón, la Iglesia Católica y diversas entidades que conforman el tradicional voluntariado magallánico.
Y con satisfacción, además, muestra parte de las instalaciones de la residencia de adultos mayores, en cuyo living, bajo la atenta mirada de San Alberto Hurtado, algunos de los adultos mayores acogidos pasan el tiempo mirando televisión.
Color esperanza
Y no sólo eso: destaca que ganaron un proyecto que, a través de la Caja de Compensación Los Héroes, nos permitió construir un invernadero donde se llevan a cabo terapias con horticultura, de mucha utilidad para nuestros adultos mayores”.
Los primeros brotes de las semillas ya germinadas empiezan, por estos días, a pintar de un tímido verde, el interior del invernadero: buena señal, porque no sólo habrá lechugas, cilantro y espinacas del color de la esperanza, el mismo de la camioneta con la que San Alberto Hurtado recorrió los caminos polvorientos de Chile para plasmar su obra de solidaridad y amor para que los que están solos o se quedaron solos o tienen las calles como sus hogares, dispongan de un techo que no sean las estrellas; de camas, que no sea el cemento o los cartones de alguna “caleta” y de una comida caliente que les abrigue, incluso, el corazón y el alma en las frías y ventosas noches magallánicas.