Obispo Bastres entregó testimonio sobre procesamiento

“Nunca
pensé ni me imaginé que tendría que escribir estas líneas, desde que el
11 de octubre la ministra (Ximena Pinto) que investigaba la
desaparición del joven Ricardo Harex determinó un auto de procesamiento,
que ‘condenaba’ a tres salesianos, entre ellos a mi persona, como
encubridores en el secuestro forzoso del joven Ricardo”.

En
sus primeras líneas Bastres se refirió a la familia de Ricardo Harex,
“quienes han vivido un calvario desde ese 19 de octubre de 2001, y que a
partir de la investigación realizada por la ministra en visita despertó
esperanzas, que al final ha llegado a múltiples conjeturas que no
determinan el delito ni los posibles responsables”.

El
obispo precisa que al momento de que fue informado del auto de
procesamiento se encontraba en Turín, Italia, realizando un rito en los
lugares de Don Bosco “y esta noticia me dejó desconcertado, pues la
percibí como el ‘tiro de gracia’ que me ‘mataba’ mediáticamente, dando
rienda suelta a todo tipo de juicios y especulaciones en los medios de
comunicación y en las redes sociales. Llegado a Chile cambié de
domicilio y he estado durante estos 27 días sin ejercer públicamente el
ministerio sacerdotal, rezando y pidiendo a Dios que se aclarara el
asunto, para que, conociendo la verdad, se restituyera la justicia”.

“Desde
el primer momento, mi dolor y sufrimiento han sido por mis hermanos en
la fe, quienes han tenido que sobrellevar un peso que no se ajustaba a
la verdad, soportar las críticas e incomprensiones de parte de los suyos
y de aquellos que, a partir de esto, encontraban razones para hacerles
sufrir, a causa del ‘mal testimonio’ de su antiguo obispo.

También
he tenido presente el sufrimiento del personal del Obispado, de los
sacerdotes, las religiosas y los matrimonios diaconales, quienes no se
merecían tal afrenta.

Deseo
agradecer a todos los que me han acompañado con el cariño, la cercanía y
la oración, y también a los que en silencio han ofrecido este tiempo al
Señor por nuestra Iglesia y sus necesidades. La comunión en el espíritu
nos ha fortalecido en la fraternidad y en la esperanza que nos viene de
la fe.

Ahora,
iluminados por la verdad, esperemos que la comunidad pueda seguir
caminando, sin esta sombra de dudas y malos entendidos, en la hermosa
misión que nos ha dado el Señor: anunciar la Buena Noticia a todos, en
especial a los que más lo necesitan.

Un abrazo con todo cariño, y ofreciendo este sufrimiento por todos y por su Iglesia en particular”.

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