Un recorrido por la parte alta de Punta Arenas, al final de las prolongaciones de las calles Mardones y Enrique Abello, entre otras, permitió que nuestro diario apreciara los efectos de la falta de lluvias en un sector que presentó, en años anteriores, el verdor de los campos y la horticultura en invernaderos de modestos y esforzados parceleros.
¿Para qué?
Hay numerosos invernaderos que no han sido reparados porque “aunque el causante de los daños fue el viento, la falta de agua, nos hace preguntarnos para qué, si no podemos trabajarlos”, como afirmó Sergio De la O Castro, de la parcela 44.
Allí, el cilantro y las zanahorias ya no son las de temporadas anteriores porque el primero no creció, por falta de agua, y las segundas “se empastaron” y tampoco crecieron”, afirmó De la O.
“Hay gente que junta agua, sale con bidones, porque el agua del estanque que tenemos no da abasto para lo que necesitamos, y un vecino que es dueño de una farmacia nos dice si lo que tomamos es potable, pero dice que es mejor y con la red de agua potable que está instalada, pero no conectada, tampoco podemos contar hasta quizás fines de marzo, cuando empiece a llover”, dijo, resignado, mientras mira con esperanza el sembradío de papas que han crecido, pese a la falta de agua y a la acción del viento, el mismo que derribó uno de sus dos invernaderos .
“No podemos trabajarlos”
“No ha llovido nada y eso se nota. Yo conozco bien lo que ha pasado, porque vine de Dalcahue en el año 1960 y aquí aprendí a trabajar en la agricultura”, afirmó José Cárcamo, quien a sus 80 años lucha con un poco menos de fuerza contra la sequía y, junto a su esposa, María Segovia, cuida de sus 200 gallinas, unos cuantos patos y trabaja uno de sus cuatro invernaderos.
“Los otros no podemos trabajarlos, por dos razones: una, la falta de agua, y la otra, la falta de personas que deseen trabajar. Ofrecí, hace un tiempo, diez mil pesos diarios, pero nadie quiso trabajar la tierra, porque prefieren andar por ahí, estirando las manos y bebiendo en la calle”, manifestó.
“El viento destruyó mucho, y yo, a mis años, no puedo reparar lo que está roto, porque puedo caerme del techo del invernadero y como tampoco hay agua suficiente para regar, ya cultivo poco la lechuga, la acelga y el perejil”, dijo mientras se quejaba de un fuerte y sorpresivo dolor a la cintura mientras trabajaba en el invernadero.
Y su queja se suma a la de otros residentes del sector de Pampa Redonda: “Nuestro estanque no da para todos los que vivimos y trabajamos por aquí. Todavía no conectan la red de agua potable y eso hace que haya gente que tenga que mendigar agua por ahí”.
“No hay agua”
“Por aquí no hay agua en forma estable; llueve cada dos días o cada día y medio, pero poco, y apenas permite recuperar parte del agua del estanque que instalamos hace tiempo y que algo se nutre de una vertiente”, afirmó Arnoldo “Noldo” Miranda, otrora destacado deportista que integró poderosos equipos de básquetbol y a quien un accidente y su diabetes le arrebataron parte de la pierna derecha y lo dejaron en silla de ruedas.
Pese a eso, con un espíritu indomable, enfrenta los problemas de su parcela, la 52 – 2, y afirmó que “si no llueve y no hay conexión con el agua potable, se producirá apenas un 40 por ciento de lo normal y ya no habrá tanta zanahoria, acelga, perejil, cebollines y hasta las papas podrían verse afectadas por la falta de agua”.
Pero “Noldo” sigue animoso y, con la ayuda de su esposa, espera terminar un par de casitas y vivir del arriendo, “pero como tampoco tenemos agua, la construcción se hace difícil, pero no bajaremos los brazos” y sonríe a la cámara y envía saludos afectuosos a todos quienes lo conocieron en las lides deportivas magallánicas, y recuerda el homenaje que le rindió el Deportivo Sokol hace ya un tiempo.
Sin agua, no hay agricultura y sin agricultura no habrá hortalizas regionales, y habrá que consumir las que llegan del norte, con golpes de frío que le restan sabor y hasta color “y son medio desabridas”, afirmaron los esforzados parceleros del sector norponiente de Punta Arenas.