“Pedimos que la Corte Suprema ayude a salvar la vida de Daniela”

Clara Miranda Aguilar, a sus 62 años, conserva la fuerza y la entereza de ser la esposa de un esforzado soldador que toda su vida se la jugaron por sacar a sus tres hijos adelante, hasta que llegaron a ser profesionales con títulos universitarios y que han forjado una situación familiar y material bastante  sólida.
Pero ahora tienen otra tarea, tanto o más importante que aquéllas: sostener en pie a su nieto Mauricio Díaz Catepillán, quien desde hace unos siete años comparte su casa, en la calle Las Heras de Punta Arenas.
“Cuando Maury (así lo llama con cariño) supo que a Daniela Soto Alvarado, su pareja, los médicos, en Santiago, le habían diagnosticado que tenía cáncer, me llamó llorando para contarme y pedirnos apoyo. Estaba tan afectado que ni siquiera pudo decirme en que calle de Punta Arenas se encontraba hasta después de un buen rato y cuando llegó a la casa, estábamos todos sus familiares para abrazarlo y darle ánimo porque nosotros siempre hemos dicho que vamos a seguir luchando, pero morir ni ca….”, agregó doña Clara.
La hija que no llegó
“Es que Daniela ha sido la hija que no tuvimos con mi marido. Tenemos sólo varones y cuándo ella llegaba, por ejemplo, para la Navidad, armaba el arbolito y envolvía los regalos. Después, preguntaba al suegro si había cosechado sus lechugas y vamos preparándolas. Por eso, a veces nos preguntamos por qué esta situación si nosotros nunca hicimos daño a nadie y parece que a la gente mala le va bien”, se queja la abuela – madre.
Y recuerda que, en un momento de desahogo, al cabo de días y días de tensión y de dolor, su esposo comenzó a gritar y a renegar de Dios. Con palabras un tanto fuertes preguntó por qué no le había mandado la enfermedad a él; que bajara a enfrentarlo que para eso “él era bien macho”, pero el dolor se ha ido calmando, pero no ha desaparecido, afirmó la esposa.
Matrimonio ad portas
“A veces me da susto reiterar que vamos a salir adelante. Que Dios nos va a sacar de esta pesadilla horrible. Porque nunca vamos a bajar la guardia por Daniela y sentimos que vamos a salir adelante. Fíjese que Maury y ella se van a casar en junio (ese mes Clara estará de cumpleaños) y ya han comprado una buena parte de sus cosas. Otras, se las han regalado e iban a venir a vivir aquí, en la habitación que desde hace siete años tiene mi hijo-nieto en esta casa”, confidenció Clara Miranda.
Y expresa que mantiene su fe intacta porque uno de los tumores “se ha encapsulado, aunque no tengo idea de qué es eso”, y el otro, con la quimioterapia se ha reducido a sólo tres cuartas partes del  tamaño que tenía antes del tratamiento.
Claro que la quimioterapia es dolorosa, devastadora y es así como Daniela le ha contado que, después del tratamiento, siente que un camión le ha pasado por encima y se recupera al cabo de, por lo menos, dos días.
Una mano ¿divina?
Clara recordó que Daniela y su madre estaban en una de las habitaciones del centro asistencial donde fue a internarse, a comienzos de noviembre pasado, tal como se lo indicaron en la Isapre a la que la familia está afiliada.
“Nos contó que había llegado un doctor, con papeles en mano, y les hizo saber que tenían que dejar la habitación y el hospital, porque no había convenio de atención entre ellos y la bendita Isapre que las tenía inscritas. Ellas se pusieron a llorar, abrazadas, porque no sabían qué hacer ni adónde ir y con qué plata”, recordó Clara Miranda.
Estaban llorando amargamente cuando apareció otro doctor, las tranquilizó con un abrazo cariñoso, las escuchó y les dijo que podían quedarse y que ya se vería cómo se remediaba la situación y se marchó, despidiéndose con una sonrisa afectuosa.
“Se me confunden los apellidos y hasta hoy no sé quién era el médico tan amable, tan gentil, tan humano, pero él debe saber del caso de Daniela y por este medio le hago llegar mi reconocimiento y mi gratitud”, dijo Clara, mientras su rostro era bañado por las lágrimas de la emoción y la tensión contenidas.
Más recuerdos
“Daniela estaba en tercero de Educación Parvularia. Es una niña trabajadora, esforzada, proviene de una familia modesta y trabajadora. Y ella estudiaba y trabajaba los fines de semana para costear algunos de sus gastos y cuando supimos que estaba afectada por el cáncer, nos dejó muy mal. Pero hay que ser fuerte. Hay que darle ánimos no sólo a ella, sino que también a mi hijo, porque Maury está desolado, dejó de estudiar; llora, pero sigue en pie. Y como nosotros, cada vez que suena el timbre, corremos a la puerta pensando que es Daniela, que ella ha regresado con nosotros. Y mire, con ella tenemos una clave cuando hablamos por teléfono, nos saludamos y nos decimos vivir luchando, morir ni ca….”, recordó Clara Miranda.
Petición
“Nosotros, yo, le pido desde aquí, desde Punta Arenas, a los señores ministros que integran la Corte Suprema, que nos ayuden a salvar la vida de nuestra Daniela, que hagan justicia; que contribuyan a salvar una vida que tiene mucho que entregar a mi hijo, a nuestras familias y que deben defender la vida, más allá de lo que la Isapre plantee”, dijo llorando esta esforzada madre – abuela y suegra de Daniela Soto Alvarado.
Y se levantó, con energía y decisión, apretó fuerte, pero sin doblar una fotografía de Daniela y sin que sus manos temblaran, pese a la emoción que bañó su rostro con el llanto y nos mostró un pequeño altar, con otra foto de la joven magallánica rodeada de imágenes religiosas.
“Ella está encargada a Dios y a cada santo que numerosas personas nos han traído y que agradecemos con el corazón. Si Dios nos envió esto, él nos sacará, pero nosotros jamás vamos a bajar la guardia y seguiremos diciendo, con fuerza: A seguir luchando… Morir, ni ca…..”.

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