Pescadores lamentan prórroga para instalación de posicionadores satelitales

Hasta el 9 de febrero tenían plazo los dueños
de naves pesqueras entre 12 y 18 metros de eslora para instalar a bordo y
mantener en funcionamiento un sistema de posicionamiento satelital. Sin embargo
ayer, la Sala del Senado aprobó prorrogar por seis meses su entrada en
vigencia. La semana pasada distintos agrupaciones de pescadores de la Región de
Magallanes hacían un llamado a los parlamentarios a votar en contra de este
aplazamiento ya que para ellos es la única forma de protegerse de la pesca
ilegal.

Erardo Muñoz, dirigente del sindicato de
pescadores de recursos demersales y bentónicos de Punta Arenas y representante
de la región en el comité de manejo de merluza austral comentó que “la
obligación de contar con posicionador en la naves mayores de pesca artesanal es
para nosotros la única forma de proteger nuestros recursos, ya que a nuestra
región llegan embarcaciones de otros lados a pescar y no tenemos ninguna forma
de controlarlos. En el caso que no tomemos las medidas efectivas para cuidar
nuestros recursos, en 50 años más vamos a estar comprando pescado en Perú”,
precisó.

Por su parte Fernando Carmona, presidente del
Sindicato Nº 8 de Armadores Artesanales y representante del Comité de Manejo
del congrio dorado también criticó el hecho de que el senado haya decidido
aprobar la prórroga para la entrada en funcionamiento del posicionador
satelital. “Nosotros tenemos miedo de que embarcaciones del norte vengan a
extraer recursos a Magallanes y que éstas proliferen, a lo mejor no dentro de
los canales pero sí del paralelo 47º Sur. Por lo tanto estamos haciendo algunas
gestiones para ver como controlamos eso. Hoy estas embarcaciones del norte
sobre todo de la octava región  ya se
encuentran trabajando en Puerto Montt y Aysén y si no cuentan con  posicionador satelital se nos van a meter y
tienen el puro nombre de naves artesanales porque son como industriales. En
Magallanes aún tenemos recursos pesqueros como la centolla, erizo y la
merluza  por lo tanto tenemos que seguir
protegiéndolos”, sostuvo.

Carmona explicó que los pescadores de su
organización están participando en una iniciativa del Gobierno Regional, el
Fondo de Fomento de la Pesca Artesanal y la Dirección Zonal de Pesca y
Acuicultura de Magallanes y la Antártica, que busca a través de un concurso
regional financiar la compra de posicionadores satelitales para las
embarcaciones que lo requieran por ley. Con esta iniciativa se espera dar
cobertura para la implementación de estos equipos en naves de pesca artesanal.

Actualmente, existen siete empresas
autorizadas por la Armada de Chile para comercializar este tipo de equipamiento
para el sector marítimo de Chile.

La lucha contra la pesca ilegal en la
Antártida se enfrenta no solo a la vasta extensión de esta zona remota sino a
la falta de recursos o compromiso de los gobiernos para enviar buques para
patrullar las aguas antárticas.

La austromerluza, también conocida como
bacalao de profundidad, merluza negra o róbalo chileno, es una especie
protegida que llega a medir más de 2,2 metros de largo y pesar cien kilos, y es
uno de los peces de mayor tamaño de la Antártida.

La pesca de este codiciado pez de carne
blanca es tan lucrativa que los pescadores ilegales le llaman el “oro blanco”
porque una carga media de 1,5 toneladas cuesta unos 83 millones de dólares y se
vende a restaurantes de lujo de Estados Unidos, Japón y recientemente en
Australia.

En lo que va de 2015, se han encontrado
cuatro barcos; el Thunder, Songhua, Yongding y el Kunlun los cuales llevan
varios años en las listas de pesca ilegal, no declarada y no reglamentada
(Indnr, para su sigla en inglés) de la Comisión para la Conservación de los
Recursos Vivos Marinos Antárticos (Ccrvma) que es el organismo internacional
que fija las cuotas de las capturas en los mares del continente helado, está
conformado por 25 miembros, entre ellos Australia, Nueva Zelanda, la Unión
Europea, España, China, Japón, Rusia y países latinoamericanos como Argentina,
Brasil, Chile y Uruguay.

Su carga podría valer 8 millones de dólares
en el mercado negro del Sudeste Asiático.

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