Han sido días, semanas y meses interminables para muchas personas afectadas por la pandemia del Coronavirus.
Entre
esas, un gremio cuya angustia ha crecido durante este tiempo, han sido
los dueños de los salones de eventos de la ciudad. En marzo tuvieron que
cerrar sus puertas, pero no sabían que no las volverían abrir en meses.
Y no hay fecha clara de cuándo esto podrá pasar.
Una de estas es Loraine Ligh (55) que desde hace 18 años tiene su local “El Galpón”, ubicado en el kilómetro tres y medio sur.
Sus complicaciones se arrastraban desde octubre pasado y en marzo fue como si le dieran un golpe de K. O.
“De
octubre a diciembre era la época donde teníamos más eventos de empresas
y muchos de ellos se cancelaron, Y ahora estamos estancados, cruzados
de brazos esperando que pase algo que nos permita volver a funcionar”,
explica Loraine.
La temporada de turismo también era su principal fuente de ingresos, ya que también estaban dedicado
a eventos para los turistas que visitaban la Patagonia. Algo que este
año no ha pasado y creen que ya no lo hará. “Esta temporada vamos a
estar cerrados hasta que salga una vacuna. Esperamos que algún momento
se levante, nosotros tenemos protocolos para poder volver a funcionar,
pero tampoco vamos a exponer a nuestros personal si no están las
condiciones. Además, también va a costar que la gente se atreva hacer
eventos de gran magnitud donde vayan muchas personas. Esto es como una
bicicleta, a medida que podamos trabajar vamos a saber qué medidas
implementar y para eso se necesita que comiencen a disminuir los casos”,
adelanta ella.
Un retiro anticipado
Lo de Alicia Gajardo (70), en tanto, es un caso curioso.
Hace
10 años su marido recibió una herencia y juntos decidieron invertirla
en un negocio. Alicia, que hasta ese entonces era dueña de casa, se hizo
cargo de administrar su local “Salón 23”, ubicado en el kilómetro 10
norte.
Fue
un trabajo de años, soñando e invirtiendo cada peso para transformar
este lugar en uno importante de la ciudad, recién este año dando sus
frutos. “Nuestro trabajo fuerte era de noviembre a marzo. Me levantaba a las tres de la mañana para recibir los salones cuando terminaban, y nos demoramos todo este tiempo en armarlo para que quedara como está. La verdad nunca pensábamos que se agrandaría tanto”, confiesa Gajardo.
Su
familia siempre quiso que dejara el local y se dedicara a descansar y a
disfrutar de esta etapa de su vida, pero ella siempre postergaba su
retiro del negocio. “El próximo año”, era la respuesta que siempre daba a
sus conocidos para evitar el tema. Pero en marzo, el destino la obligó a
un retiro anticipado. “Yo siempre dije que en septiembre iba a parar. Y
bueno llegó marzo con la pandemia y casi que me obligaron hacerlo.
Puede que venda el lugar, pero uno nunca sabe. La verdad, es que a mi me
gustaba trabajar en esto. Ver a todas las personas felices y darme
cuenta que ayudaba a la gente a que la pasaran bien y tuvieran un gran recuerdo, era lo que más
me motivaba. Eso y la decoración. Poder ambientar el lugar de una forma
original y bonita me causaba mucha felicidad”, afirma.
También
explica cuándo este tipo de lugares podrán volver a funcionar.
“Mientras no esté la vacuna lo veo difícil. No se si la gente se va a
exponer y también los dueños tienen que ver si les sale a cuenta hacer
eventos pequeños”, anticipa Gajardo.