Punta
Dungeness, como lo señala su nombre, se emplaza en un apéndice de
tierra desde el cual se puede observar la vastedad del Océano Atlántico y
su entrada al Estrecho de Magallanes. Se trata de un punto de especial
importancia para el control del tráfico marítimo y la supervisión de las
naves que entran y salen de aguas nacionales. Su construcción fue entre
1897 y 1898, diseñado por el ingeniero Gepge Slight, y desde su entrada
en servicio en 1899 nunca había llevado su jefatura una mujer.
Rayen
Parada, quien asume este cargo histórico, señala que para ella
“significa muchas cosas. Mucho orgullo porque represento la parte
femenina de la Armada y estoy haciendo historia en este faro, porque en otros también hubo mujeres y hay mujeres que son jefas de faro actualmente”.
Oriunda
de Ercilla, vivió una vida tranquila en los campos durante sus primeros
años y siente que esta cercanía con la naturaleza influyó en su
decisión de querer vivir aislada, puesto que fue una de sus convicciones
desde su ingreso a la Armada. “Es algo que yo también quería que mis
hijos vivieran, es una experiencia que yo siempre dije que el día que yo
sea mamá, quiero que mis hijos vivan la experiencia de vivir en el
campo, de estar rodeados de naturaleza, de no sentir tanto vehículo y sus ruidos, sino que estar más en calma”.
El
aspecto familiar fue clave en la decisión, siendo su marido, cabo
Toledo, también marino, podrían contribuir entre ambos a supervisar las
distintas labores y quehaceres del faro, además de turnarse
para cuidar a sus hijos de 2 y 5 años. “El año pasado se abrió la
postulación a Faro Dungeness, yo lo conversé con mi marido y él también
siempre supo, a pesar de que no estaba tan de acuerdo de irse a un faro
(dice entre risas), que estaba dentro de mis planes. Asi que decidió
apoyarme, ya también coincide en que los niños están en una etapa de
fácil adaptación, porque después cuando ya crecen esa opción para mi podría ser desechada, dado que los niños empiezan con colegio y a adaptarse con más niños”.
Benjamín,
el mayor, está en kinder y está matriculado en una escuela de lenguaje
de Punta Arenas. Semanalmente le envían material de apoyo para que le
puedan entregar estos contenidos y se conectan una vez a la semana por
internet para ver sus avances. Además ambos están inscritos en un
programa apoyo para familias aisladas de la Junji. “Ellos van cada dos o
tres meses a visitarnos al faro. Va una tía de la Junji y hace
actividades con los niños y los evalúan para ver sus avances. También
nos dejan material de apoyo y tareas como papás para trabajar con ellos”.
“A
pesar de que estamos siempre trabajando, tenemos harta vida familiar,
porque tenemos muchos espacios para compartir con los niños. Se
compatibiliza mucho más la vida laboral y familiar a diferencia de estar
en una zona como Punta Arenas, siendo los dos marinos, porque nuestros
turnos en ciudad son de 8.30 a 17 horas y los niños estaban todo ese
rato en el jardín, o escuela o after school. Entonces en el faro es
mucho más compatible y tenemos más oportunidades de compartir con ellos y
hacerlos partícipes de lo que nosotros hacemos”, finaliza Rayen Parada.