Recuerdos del ayer pionero se borran en Avenida Colón

La avenida Colón, entre las calles Patagona y Zenteno, en Punta Arenas,
presenta un estado calamitoso, con su pavimento literalmente destrozado,
situación que se extiende casi hasta llegar a la calle Arauco.
El
empedrado que data desde fines del siglo XIX, de acuerdo con lo
informado a nuestro diario por el audiovisualista regional Fernando
Calcutta Violic, se hizo a base de piedras de regular tamaño, extraídas
del cauce del Río de Las Minas y canteadas por las expertas manos de
maestros y trabajadores llegados a Punta Arenas desde Croacia y de otros
puntos de Chile y del mundo.
Pero fue un aporte al urbanismo de la
ciudad, esencialmente de los inmigrantes croatas que replicaron en esa
avenida y otras arterias de Punta Arenas, el tipo de pavimento que ya
era común en las ciudades de las que decidieron venir a Magallanes.
Eso
sí, había una diferencia: en esos lugares se utilizaban adoquines y no
piedras canteadas, sacadas del río, por lo que la calidad de la
superficie pavimentada con ese material de la zona era áspero, pero
permitía el mejor desplazamiento de carros y carretas tiradas por bueyes
que, a fines del siglo diecinueve y comienzos del veinte, transportaban
carga de todo tipo.
Es más, explicó Fernando Calcutta: en calle
Bories, casi al llegar a la actual Waldo Seguel, existía un tramo
pavimentado con hormigón, que permitía que los automóviles pudieran
“descansar” del traqueteo por la importante arteria que estaba
empedrada.
Otro tanto ocurría con la calle Magallanes, la primera en
ser empedrada y a la que siguieron, posteriormente, las demás calles de
la ciudad y que persistieron con esa cubierta pétrea, hasta hace pocos
años, como las del Barrio San Miguel, las cuales y  las del Cerro de La
Cruz, sucumbieron ante el implacable avance del pavimento de concreto.
Reparar
el empedrado de los tramos dañados de la Avenida Colón, afirmó el
conocido audivisualista magallánico, es muy difícil por el alto costo
que tendría y, además, porque ya no hay expertos en cantear las piedras
que se extraigan del río de Las Minas; las canteen adecuadamente y las
acomoden sobre el lecho de tierra, apisonado y nivelado como corresponde
al pavimento de esa avenida.


En Chile

El uso de adoquines data,
en Santiago  y otras ciudades chilenas, desde la década de 1870, cuando
el intendente capitalino Benjamín Vicuña Mackenna, al alero del
Presidente Federico Errázuriz, lo utilizó en las calles de la capital.
Siguió
así lo que ya había ocurrido en ciudades como Londres, París, Roma y
Bruselas, donde los adoquines aún persisten en calles y avenidas.
Pero
el ejemplo más cercano es el que da Buenos Aires: la ciudad ha logrado
mantener, hasta ahora, la quinta parte de sus calles pavimentadas con
adoquines.
El punto negro en el uso de adoquines para los pavimentos
citadinos se dio en el año 2008, en Santiago de Chile, cuando se
pavimentó con concreto la avenida Irarrázabal:  el contratista calificó
los históricos adoquines como “desechos” y los exportó a Francia, a muy
buen precio.

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