“La reforma laboral, más apropiado sería llamarla
reforma sindical, es un aumento de la interferencia del Estado en las
decisiones contractuales entre personas libres”, declaró Roberto Weissohn Heck,
uno de los líderes de la Alianza Liberal de Magallanes al ser consultado acerca
de la iniciativa legal del Gobierno de Michelle Bachelet y el oficialismo y que
se discute en el parlamento..
“Nosotros pensamos que el Estado no debería
intervenir en los contratos libres entre las personas” reiteró el dirigente
liberal y agregó que “los contratos se celebran entre personas libres en las
que unas se comprometen a trabajar y, la otra, el empleador a pagarle por su
trabajo.
“Hay derechos y obligaciones claras que surgen del
contrato y que se origina en la información que cada uno tiene”, indicó
Weissohn, añadiendo que “el empleador supone que el producto que está
fabricando tendrá una buena acogida en el mercado y podría obtener una
utilidad. Para eso, está dispuesto a adelantar dinero a los trabajadores y
tiene la esperanza de recuperarlo con la venta posterior del producto, pero si
sus cálculos fallan, perderá su capital”, manifestó Weissohn Heck.
El líder de la Alianza Liberal de Magallanes
enfatizó además que “el trabajador, por su parte, antes de aceptar el trabajo
ponderará la carga laboral, la remuneración ofrecida y otras opciones de
empleo. El volumen de información que cada uno maneja y la gran variedad de
siuacio9nes que existen en la realidad, hace imposible que sea conocida por
cualquier autoridad como para considerarla en reglamentaciones que sean
beneficiosas. Toda intervención del Estado en los mercados, siempre conduce a
una rigidización del sistema y provoca una peor combinación de recursos que
termina por afectar el desarrollo”.
El columnista indicó que “en el caso de los
sindicatos, estos actúan como monopolios de la oferta de trabajo y se les
permite ap0licar la violencia para romper los contratos libremente celebrados.
Y no se habla de la violencia de tirar piedras, sino de la violencia que
significa permitir incumplir un contrato sin sufrir ninguna consecuencia”.
E insistió en que “siempre ha sido el Estado el que
tiene el monopolio de la violencia en una sociedad, una violencia legítima
afirman ellos. Es bastante odioso aceptar que éste aplique violencia contra los
individuos ya que obliga a tomar decisiones que, de no aceptarlo, se terminará
pagando multas o, inclusive, hasta se podría ir preso. Pero peor aún es que
esta violencia el estado la delegue en privados, como lo hace con los
sindicatos”, finalizó Weissohn Heck.