Duraron poco, porque los vándalos los tomaron como blancos de sus poco
graciosas “fechorías” y no hubo forma de identificarlos, detenerlos, ponerlos
en manos de la justicia y que recibieran una sanción ejemplarizadora.
Pero no.
Los refugios para peatones y usuarios de la locomoción colectiva de
Punta Arenas, desde Independencia hasta Angamos, pasando por Magallanes, por
Maipú y por Chiloé, tuvieron un alto costo para
todos los residentes de nuestra ciudad: cada uno costó, en promedio,
casi 20 millones de pesos y al multiplicar ese costo por, al menos 15, arroja
la nada despreciable suma de unos 300 millones de pesos, por parte baja.
Y ese dinero lo aporta usted, estimado lectora. Usted, estimado lector
y todos quienes residimos en la capital de la Patagonia y que, en más de un
ocasión hemos debido protegernos de la lluvia, el viento o la nieve.
Esas construcciones están rayadas con pintura “spray” de todos los
colores imaginables, con signos, mensajes y lecturas que sólo entienden los
autores de los rayados y sus “discípulos”.
Esos refugios están rotos, les falta parte importante de los paneles
que protegían del viento, de la lluvia y de la nieve, porque fueron destrozados
a patadas o con palos o fierros.
Además, están cochinos por dentro, porque han sido utilizados como
urinarios públicos – y algo más -, como moteles ocasionales y puntos de vaciado
de estómagos saturados de alcohol y comida chatarra cuando a muchos borrachines
y “drogos” ocasionales los sacude “el bajón”.
Y por fuera también están sucios, ya que personas irresponsables
amontonan junto a esos refugios peatonales, bolsas con basuras y desperdicios
que, en la mayoría de los casos, son rotas por perros abandonados y hambrientos
en busca de comida.
Las medidas municipales puestas en práctica no han servido de mucho,
por el contrario, han significado más y cuantiosos gastos y sufrimiento para el
personal que debió limpiarlos en su oportunidad para que duraran limpios ¿un
día? ¿Dos? ¿Un fin de semana quizás?.
Pese a eso, la tarea sigue pendiente.