Refugios para peatones también presentan daños

La iniciativa fue calificada como “muy positiva” cuando fuera planteada hace ya un par de años.

Posteriormente, cuando se conoció el diseño de los dos refugios para peatones, los aplausos siguieron motivando a los impulsores de las construcciones.

Eran diferentes en forma, coloridos y en los materiales empleados; en la visual y acomodaciones que permitían a todos quienes llegaban hasta el sector de Avenida Frei con Los Flamencos, a bordo de buses, taxis colectivos o que debían esperar esos medios de locomoción cuando las condiciones climáticas se complicaban con viento, lluvia, frío o nieve para todos quienes se dirigían al Hospital Clínico de Magallanes (HCM), como usuarios de los servicios de salud, como eventuales pacientes o como familiares de personas internadas en el recinto asistencial.

Inicialmente, hubo molestia cuando se dio a conocer que cada uno de los refugios costaría una suma del orden de los quince millones de pesos cada uno, lo cual fue estimado como caro, aunque se impuso el criterio de la importancia de prestar un servicio solidario a muchas personas, la mayoría, de escasos recursos o vulnerables.

Y los refugios, junto a otro par más, pero en lugares distintos de la ciudad, como en el sector donde se unen las avenidas Bulnes y España, casi frente a la clínica y oficina de una mutual de seguridad, se construyeron y prestaron valiosos servicios.

Pero los problemas empezaron cuando fueron utilizados como un singular dormitorio por personas en situación de calle, a las cuales se dejó de admitir en el interior de las dependencias del Hospital Clínico, en las cuales, a lo menos una de ellas, se había instalado en forma casi permanente.

Y después vendría la aparición de los vándalos de siempre, de esos que actúan no sólo contra los refugios para peatones sino que también contra muros de residencias particulares recién pintados, monumentos o bienes de uso público.

También sirvieron para acoger a sujetos que se reunían a consumir drogas y alcohol, a escuchar música en equipos de sus autos, a gran volumen, y a furtivos encuentros íntimos con sus parejas.

Las huellas  de esas acciones dañaron los refugios, mucho más al del lado oriente de la Avenida Frei que al que está al otro lado de la misma avenida, y por si no bastara, hoy día están pintarrajeados, con daños en sus estructuras y con fuerte hedor.

Los pasajeros de buses y taxis colectivos ya no utilizan esos refugios, aunque haya frío, viento o lluvia, porque muchos han sufrido, en sus calzados y en sus vestuarios, el efecto del desaseo cuando han intentado protegerse de la lluvia y el viento.

Y allí están, en la Avenida Frei con Los Flamencos, a metros de las dependencias del HCM, como una evidencia de la falta de cultura cívica, de falta de cuidado con los bienes públicos, financiados por los propios ciudadanos
Todo ello es una evidencia más de que el vandalismo y otras conductas incivilizadas parecen haber ganado mucho terreno en la sociedad actual.

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