Los refugios para peatones que se construyeron hace un tiempo y se instalaron en diversos puntos de la ciudad para proteger del frío, de la lluvia, del viento y de la nieve, a quienes esperan locomoción colectiva, han sufrido una lamentable transformación.
Muchos de ellos han sido destruidos más que parcialmente, ya que les falta parte de sus estructuras, rotas o a patadas o con fierros, o con palos, y no protegen, en lo más mínimo, a eventuales usuarios.
Otras de esas construcciones empezaron a ser utilizadas por “personas en situación de calle” como dormitorios después de no conseguir un cupo en la hospedería del Hogar de Cristo, ubicada en avenida España.
En uno de ellos, por ejemplo, ha sido posible apreciar la instalación de colchones, pequeñas mesas y ver a grupos de mendigos durmiendo sus borracheras a vista y paciencia de los peatones y de los conductores y pasajeros de taxis colectivos, buses y vehículos particulares.
Otros de esos casi veinte refugios para peatones tienen tantos “graffittis”, rayados que nadie entiende y carteles de todo tipo que impiden o dificultan la visión de los peatones que esperan taxis colectivos o buses de la locomoción colectiva mayor cuando se atreven a desafiar el hedor casi pestilente, buscando no mojarse con la lluvia o la nieve.
Sin embargo, el problema mayor es la falta de higiene en la gran mayoría de esas construcciones, ya que elementos antisociales los han transformado en baños públicos.
También, como lo han señalado diversas personas a nuestro diario, cuando caen más temprano las sombras de la noche, desde el inicio del otoño hasta mediados de la primavera, algunos de esos refugios, como los de avenida Independencia, cerca de los edificios de los tribunales, han llegado a ser utilizados como singulares moteles para las parejas, causando sorpresa e indignación a quienes se han encontrado con un espectáculo que ofende el pudor y las buenas costumbres.
Alta inversión
En la construcción de esos refugios se invirtió una suma de dinero enorme, despertando sospechas nunca aclaradas del todo acerca de un eventual sobreprecio.
Actualmente puede apreciarse que los antisociales y los vándalos demostraron que fue una decisión cuestionable porque se pasó por alto la falta de cultura y la falta de responsabilidad ciudadana de los sujetos que los han dañado, pintarrajeado y que los siguen utilizando como baños públicos.
El municipio ha intentado, en un par de ocasiones, limpiarlos y repararlos, pero sus esfuerzos, aparte del elevado costo de la tarea, han resultado inútiles, porque en muchas ocasiones se han demorado más en repararlos que lo que los antisociales han tardado en volver a dañarlos.