Ruta Protege: así acompaña Desarrollo Social y Hogar de Cristo a las personas en situación calle

Pese
al sol, el viento y el tiempo de más de 0° del martes, cuando el
secretario regional ministerial (Seremi) de Desarrollo Social, Danilo
Mimica, y el jefe de Operación Social de la Fundación Hogar de Cristo de
Magallanes, Álvaro Rondón, llegan a Carrera Pinto con Bories. El frío
golpea en la cara.


La
esquina es una de la docena que han identificado para llegar en la Ruta
Protege, una de las medidas del Gobierno para ayudar a las personas en
situación de calle y que funciona de manera permanente, por segundo año
consecutivo.


Contó
Mimica que se lleva a cabo en dos horarios, siendo un gasto anual para
la cartera de $600 millones. “Es un complemento a lo que financiamos
como Desarrollo Social, que son nuestros albergues, justamente para
quienes no quieran adherir a ellos”, precisó luego.


Por
su parte, Rondón describió el servicio: “Llevamos almuerzos, que es
importante, porque es un plato caliente, fundamental en términos
calóricos, para poder parar la emergencia permanente para las personas
con calle, y la segunda ronda es vespertina”.


Aunque
hay algo más profundo, a juicio del jefe del Hogar de Cristo: “La
alimentación permite generar un vínculo con las personas, conocerlas,
saber quiénes son, cómo están y qué necesidades tienen y a partir de
esas necesidades, se van generando compromisos de apoyo en lo que
llamamos kit de higiene o kit de abrigo”.


En
las próximas semanas se implementará otra ruta, la que pasará tres
veces a la semana y será de salud, ofreciendo prestaciones médicas.
Todo, para las 20 o 40 personas que conforman la población flotante que
se ve beneficiada por esto.


La
tarde en que llegaron a la esquina de Bories con Carrera Pinto, a un
costado de la farmacia, había tres personas en situación de calle que ya
habían recibido antes las cosas y la comida que entregan en la Ruta
Protege. A Mimica le decían que los que llegan y los atienden es gente
“muy amorosa, muchas veces necesitan útiles de aseo y no traen o después
nos dicen que sí o sí llegan y sí lo hacen”. Hace tres meses que
reciben las prestaciones. Llegaron en carpa y, por fortuna, una
magallánica les dio techo. Hablan y la prensa escucha y mira atenta cómo
los dedos helados toman el vaso con café caliente con una mano y con la
otra un pan con jamón, y después les dicen a los que los ayudan que
cantan y venden artesanías. Luego se despiden. Mañana será un nuevo y
frío día.

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