Cuenta que la primera vez que llegó a la Región de Magallanes, fue junto a la camioneta del Padre Alberto Hurtado, en los tiempos previos a que el connotado jesuita se convirtiera en el segundo santo chileno. Volvería una vez más, para participar de un foro, pero el terremoto de 2010 y su posterior distancia de Chile lo alejó también de la zona más austral del país por cinco largos años. Eso, hasta esta semana, cuando un encuentro sobre educación técnica lo trajo de vuelta.
Su llegada fue en tiempos en que la educación está en el tapete, especialmente el regional, luego de que, en el Te Deum Ecuménico del 18 de septiembre pasado, el obispo de Punta Arenas, Bernardo Bastres, acusara “falta de diálogo” por parte del Gobierno de Michelle Bachelet en la tramitación de los proyectos de ley que componen la reforma educacional que impulsa el ejecutivo.
“La reforma educacional es clave”, dijo Berríos. “El Gobierno la encabeza, pero la ciudadanía lo está pidiendo. Se dan cuenta de que el país ha crecido, pero no a todos les está llegando la riqueza. Hay mucha segregación y clasismo y la reforma educacional toca eso. Hay que esforzarse por aminorar el clasismo en Chile, que es lo que echa a perder cualquier programa”.