Sector cercano al cerro Mirador es usado como un enorme basural

La llamada Avenida “Monte Verde” permite, a través de un camino de
tierra, transitar desde la prolongación de la avenida Pedro Aguirre Cerda hasta
la ruta que lleva al cerro Mirador, dónde funciona el Club Andino de Punta
Arenas.

Ese camino, ya en la zona rural de la capital magallánica, permite que
los parceleros que han decidido levantar sus viviendas, dedicarse en parte a la
ganadería y a la agricultura familiar, es decir, criando pequeños hatos de
vacunos y sembrando papas, zanahorias, construyendo invernaderos o
utilizándolos como patios de estacionamiento de vehículos, como camiones y
ramplas.

Pero, ese idílico paisaje, en el cual sobreviven algunas manchas de
bosque nativo, ha sido ensuciado por las acciones de personas irresponsables y
de hábitos que no son, precisamente, dignos de aplausos.

Por las tardes – noches, aprovechando lo solitario de la avenida
“Monte Verde” (sic) y el escaso tránsito de personas y vehículos, esos sujetos
llegan hasta el sector, en camionetas y camiones medianos, los cuales van,
literalmente, cargados con basura domiciliaria, desperdicios de todo tipo,
restos de electrodomésticos y neumáticos dados de baja por sus dueños.

Evitando el gasto de combustible que implicaría desplazarse hasta el
vertedero municipal de basuras, en el sector sur de Punta Arenas, se estacionan
y depositan esos desperdicios en las orillas de la avenida, irónicamente,
denominada “Monte Verde”.

La basura está repartida en varios puntos de ese camino rural.

Amenaza cursos d agua que podrían ser utilizadas en el riego de los
terrenos agrícolas y de pequeña ganadería situadas más abajo, más cerca del
radio urbano.

La contaminación es un hecho indesmentible y así lo prueban las
fotografías que acompañan esta crónica periodística.

A los irresponsables que han contaminado amplios sectores de esa
avenida rural, no los asusta el monto de las multas y tampoco acogen el llamado
de los carteles que solicitan “No botar basura”.

Y lo peor de todo es que parte de esos desperdicios, cuando el viento
sopla, son llevados a la ciudad, cuestionando aquello de que “es la ciudad más
limpia de Chile”.

Y como afirmó uno de los parceleros del sector, “por suerte que por
aquí no circulan turistas, porque quedaríamos con un cartel de cochinos que no
lo saca nadie”.

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