“Sentímos una gran impotencia nosotros al saber que, el que terminó con la Emilita se iba para su casa”

El 21 de enero de 2013, Emilia Silva Figueroa, de sólo nueve meses de vida, falleció luego de que Nelson Fariña Jara, un hombre que conducía con 1.9 gramos de alcohol por litro de sangre, impactara el vehículo de sus padres frente a la Municipalidad de Vitacura. Su caso generó un cambio en las leyes, con la creación de la “Ley Emilia”, que endurece las penas a las personas que conducen en estado de ebriedad. Por ello, Carolina Figueroa, madre de la menor, tras 3 años de lucha, nos cuenta que lo que se ha logrado avanzar como país y como sociedad.

– ¿Qué fue lo que le dio fuerzas y le motivó para que se haga la Ley Emilia?
“Darme cuenta primero, que no éramos la única familia que estaba pasando por esto, que habían una cantidad de familias, como la familia de Arturo Aguilera, de Andrés Mariñanco, que habían pasado por procesos similares de pérdidas de sus hijos y que estaban viviendo en esos momentos la impunidad que sentíamos nosotros al saber que, el que terminó con la Emilita se iba para su casa. Eso nos movió en una primera instancia”.

– ¿Ha tenido un apoyo constante en este camino?
“Principalmente de la fundación, que es un movimiento que nace de la familia, no solamente el Benja (su marido), sino que a través del apoyo de mis papás, de los papás de él, de los amigos que se fueron uniendo a la fundación, que nos acompañaron de todo el proceso legislativo. Nosotros íbamos martes y jueves a pararnos en el Congreso a esperar a diputados y senadores por horas, pidiendo que nos escucharan y que por favor entendieran el drama que había detrás de los siniestros viales y no podríamos haberlos hecho solos. Fue porque había gente que también nos sostuvo”.

– ¿Cómo ha sido la vida de ustedes después de haber creado la Ley Emilia? ¿Existe algún tipo de sentimiento de justicia?
“Yo creo que se ha avanzado. Te doy el ejemplo de mi caso, en mi caso el imputado por el siniestro vial que terminó con la Emilita fue sentenciado a dos años de firma mensual, la que fue la sentencia final, lo que era una burla para la familia y para la memoria de tantos más que tenían ese tipo de sentencias. La Ley Emilia estableció un nuevo parámetro. Estableció de 3 a 10 años con un año de cárcel efectiva, ese año de cárcel es si o si. La gente puede decir que les parece poco y es justo que lo digan pero es mucho más de lo que había antes de la Ley. Nosotros sí pusimos una base, se estableció una base, ¿es perfectible? Totalmente, necesitamos que mejore, pero es una base que le da algo de justicia reparatoria a la familia. ¿Es suficiente? Creo que no, pero es una base desde la cual se construye”.  

– Con todos los esfuerzos que han hecho ustedes, ¿qué cree que le falta a la Ley Emilia?
“Yo creo que la gente cree que las leyes por si solas actúan en Chile. Creen que el sistema de justicia acatan las leyes tal como se escriben. Yo creo que falta avanzar para que la gente comprenda que el sistema de justicia en Chile es interpretativo. Por lo tanto, depende de un fiscal, de un juez, etc. De una cantidad de otros agentes que son ajenos a nosotros. Falta fiscalización, cuando las leyes necesitan cumplirse, necesitamos que efectivamente se hagan todas las fiscalizaciones del caso. Faltan alcoholímetros presenciales, faltan narcotest. En Chile no hay ningún narcotest a lo largo del país, por lo tanto, no se puede detectar la conducción bajo efectos de las drogas y eso es una vergüenza. Porque las familias que viven el duelo por conductores que matan a sus seres queridos y están bajos la influencia de las drogas, no tienen cómo presentar pruebas frente a Fiscalía. Hay una cantidad de cosas que se necesitan en conjunto con la Ley para mejorar esto”.

– Con haber recorrido Chile e ir dejando una enseñanza, ¿cree  que su hija ha sido reconocida y ha servido para impulsar todo este movimiento?
“No sé si la Emilita es reconocida, yo sí creo que las familias de víctimas sí han sido visibilizadas. Es reconocida la Cami en San Bernardo, es reconocido Pablo en Valparaíso, Rodrigo Almonacid en el Sur, etc. Yo creo que las familias han sido reconocidas, acá también en Punta Arenas hay familias que han dado la pelea con respecto a mejorar esto y creo que esto no es por la Emilia, la Emilia es mi hija y me movió a mí, pero esto es por lo que mueve al resto de las familias, por esa lucha diaria que damos, por esa lucha diaria que dan al levantarse, seguir viviendo y respirando. Creo que eso ha cambiado, la gente está haciendo más visibles sus casos”.

– ¿Qué consejos le da usted a las personas que consumen alcohol y que muchas veces quieren conducir?
“Yo creo que la gente todavía no entiende que curado, no maneja mejor. Que efectivamente cuando toman alcohol, se pierden capacidades motoras y neurológicas en relación a reacciones. Y que esas reacciones, esas decisiones le cuestan la vida a terceros que no tenían nada que ver en la decisión que ellos tomaron. Entonces les diría es que por favor sean empáticos, que entiendan que no pueden jugar con la vida de terceros, que la vida de terceros vale y que hay familia detrás de ellos que sufren su pérdida y que nosotros necesitamos que en definitiva se entienda el dolor que hay de fondo porque no se lo queremos dar a nadie”.
 
– ¿Qué mensaje le puede entregar a las familias magallánicas con respecto de sus hijos?
“Que sean conscientes que la vida no se planifica, que la vida se vive, minuto a minuto. Nadie está exento de ser parte de un siniestro vial o ser parte de cualquier otro tipo de hecho que les quiten a lo que más quieren, que en definitiva son los hijos. Que los aprovechen a concho, que le den todos los besos que quieran, aunque los hijos nos rechacen a veces cuando son adolescentes, que se despidan siempre. Nada, que los quieran minuto a minuto y no planifiquen un después”.

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