A
sus 54 años le detectaron cáncer de mama, fue en un chequeo de rutina,
la mamografía anual que recomiendan los especialistas. No tenía
antecedentes familiares y aún así, sobrevivió a estar enfermedad. De
hecho, aún convive con ella.
María
Paz Valenzuela, estudió Musicología en la Universidad Católica de
Santiago, y durante sus estudios descubrió lo que hoy es su pasión: el
montañismo. Desde que cursó ese ramo deportivo en su época universitaria
se enamoró de este pasatiempo, el que la haya llevado a conectarse con
la naturaleza, sobrevivir a la enfermedad y llegar a ser la única mujer
de Latinoamérica sobreviviente del cáncer de mama en llegar al Everest.
Valenzuela
estuvo en Punta Arenas, tiene 3 hijas que dice que son su orgullo y en
las primeras que pensó al momento de llegar a la cima. También recuerda a
su “gente” con la que ha convivido durante todo este tiempo a
sobrellevar una patología fría y sin escrúpulos, pero que le ha dejado
grandes enseñanzas.
– ¿Cómo es ese mundo que usted describe?
“Es
un mundo en el que nadie quiere caminar, te sacan repentinamente y
abruptamente de la vida que tienes. Cambian los tiempos, ya no eres
dueña de él. No dispones de tu cuerpo. Tuve que dejar toda mi actividad y
dedicarme exclusivamente a sanarme del cáncer”.
– Cuando le entregaron la noticia ¿Qué fue lo primero que se le vino a la mente?
“Un
negro profundo. Oscuridad absoluta. No entender de qué se trataba. Un
mundo totalmente nuevo donde eres analfabeta, tienes que empezar a
aprender todo, un vocabulario nuevo, toda una manera de enfrentarte a la
vida. Totalmente distinto.
–
Imagino que cuando le dan esta noticia, lo primero que hace es contarle
a su familia… ¿Cómo lo tomaron ellos y cómo fue ese acompañamiento?
“Es
súper difícil comunicar una noticia así porque tú eres la afectada. Es
una noticia que no acostumbramos a dar. Es personal, es muy fuerte, es
un proceso de mucha intimidad familiar y necesitas todo el apoyo de todo
el mundo”.
– ¿Y qué tan importante es ese apoyo?
“Fundamental”.
– ¿Por qué?
“Porque
es cariño, es sentirse acogida en esta cantidad de malas noticias,
porque no es solamente uno, afecta a todo tu entorno. Además, el futuro
es incierto. Yo tenía altas probabilidades de sanar, el 95% de posibilidades de sanar, pero te derrumbas, se desmorona tu mundo”.
– Y esas posibilidades de sanar es porque le detectaron el cáncer temprano…
“Exactamente…
que es la clave del éxito. La letra chica es detección precoz. Si la
detectas al inicio es muy probable que los efectos secundarios,
tratamiento, todo sea más leve. A pesar de eso, la detección precoz en
mi caso, si era un factor súper importante. Hubo que hacer una
mastectomía total, estuve en numerosas cirugías. Vino también la
pandemia, eso postergó mucho. Ha sido un proceso súper largo, todavía
estoy en tratamiento”.
– Usted dice que es un mundo negro, pero después que lo conoce ¿Cómo es ese mundo en realidad?
“Es
efectivamente un mundo oscuro y lo ilumina la gente que te acompaña, te
van alumbrando el camino, hay momentos altos de mucha esperanza, hay
momentos bajos, pero como todo en la vida, esto es un momento nuevo y
distinto por el estigma que tiene el cáncer. Si te dicen que tienes
cáncer uno lo asocia inmediatamente a la muerte, ese es un paradigma que
a mí me gustaría cambiar humildemente. Decir que con un cáncer de mama
detectado a tiempo te puedes sanar.
– ¿Y cómo quiere erradica ese paradigma?
“Solamente
con comunicar la importancia de la detección precoz. Que todas las
mujeres tengan la valentía de hacerse una mamografía una vez al año. Las
mujeres de cuarenta, que todas las mujeres están atentas a nuestras
mamas y que deje de ser un tema tabú, que sea un tema importante en la
mesa de todos los hogares. Todos tenemos mamás, hijas, hermanas, parejas, tías, abuelas…
– ¿Pero por qué sigue siento un tema tabú después de todos estos años?
“Creo
que tiene que ver con la idiosincrasia de nuestras mujeres. A los 40
años estamos todavía criando niños. Tenemos una familia de niños más
pequeños y yo siento, por lo menos fue en mi caso, uno se posterga como
mujer, estamos siempre al servicio y ayudando a otros, como mujeres,
como núcleo familiar. Y
en general postergamos nuestro autocuidado y creo que eso es lo que
tenemos que cambiar, no tiene que ser la última de la familia en ponerte
a la cola del autocuidado. Siempre estamos cuidando los hijos
llevándolos a todo tipo de clases, ellos están primero, están primeros
nuestros padres, internamente tenemos esa disposición de estar ayudando a
otros, pero sino nos ayudamos nosotras mismas, difícilmente podemos
ayudar a otros”.
– Usted fue la primera mujer latinoamericana en llegar al Everest. ¿Eso es así?
“Correcto”.
– ¿Por qué lograr esa hazaña?
“Cuando
tuve cáncer dije ‘¿Cómo voy a llamar la atención? ¿Cómo saco una
bandera y digo aquí estoy? Yo pude hacerlo, tú también puedes hacerlo,
no es necesario que mueran mujeres producto de una enfermedad que sí
tiene cura. Por lo tanto ¿Qué puedo hacer yo que sea grande y llamativo?
Un aporte. Y como lo único que tenía a mano en ese minuto era el cáncer
y mis montañas ¿cómo junto estas dos cosas y hago lo que pueda hacer?
¿Cómo me transformo en una voz? Y así la montaña más alta del mundo.
Entonces tenía que ser mi objetivo. Siempre digo que el cáncer me regaló
el Everest porque si no, no hubiera ido nunca”.
– ¿Qué pensó cuando llegó a la cima?
“Mi
gente. Mi familia, mis hijas. Había sido un esfuerzo tan grande, largo,
duro y difícil. El mismo cerro, incluso a pesar de todo lo duro que
fue, creo que el cáncer fue mucho más. Mi tratamiento y mi año de cáncer
fue mucho más largo y más pesado”.