(Texto y foto : Edmundo Rosinelli)
Corría el mes de marzo de 1974 cuando el Papa Pablo VI designó
Obispo de Punta Arenas al entonces joven sacerdote salesiano Tomás González
Morales. En esa época tenía apenas 38 años y estaba por convertirse en el
obispo más joven de Chile.
El llamado del representante del nuncio apostólico en Chile lo
dejó perplejo. Le transmitió el deseo del Sumo Pontífice de enviarlo al extremo
sur del país, a hacerse cargo del obispado de Punta Arenas.
La primera respuesta no fue un sí categórico. Pero qué le dijo
el nuncio en ese momento: “acuérdese que los salesianos tienen como lema un
deseo del Papa es una orden para los salesianos”.
Al joven sacerdote no le quedó más que aceptar el deseo Papal y
encomendarse al Altísimo. “Fui a orar y le pedí a Dios que me ayudara a asumir
este gran desafío que ponían en mis manos”, recuerda Tomás González.
Eran tiempos duros de la dictadura y ya se sabía de muchas
personas detenidas y otras tantas que comenzaban a ser trasladadas a Isla
Dawson, así que le pidieron que viajara lo antes posible a Punta Arenas.
Fue así que en un día como hoy, el 27 de abril de 1974,
monseñor González fue consagrado en el templo de la Gratitud Nacional en Santiago
por el entonces arzobispo de Santiago, el Cardenal Raúl Silva Henríquez.
Han transcurrido 43 años y hoy el obispo emérito entregó un
afectuoso saludo a la comunidad, a través de Pingüino Radio.
“Los recuerdo mucho”
“Ante todo quiero decirles que los recuerdo mucho, porque una
aparte de mi vida, cuando era un joven sacerdote, la entregué a la comunidad de
Magallanes. La carrera eclesial la desarrollé en esas tierras que nunca
olvidaré y donde recorrí todas las comunas. Traté de ser como Cristo Jesús porque
las familias necesitan que los visiten, estén con ellos, los escuchen y
entiendan”, dijo Tomás González.
El pasado 20 de abril cumplió 82 años y actualmente vive en la
casa de reposo de los Salesianos, de calle República, en Santiago.
En su rol de obispo jugó un papel trascendental en favor de las
personas que en dictadura sufrieron por la violación de los derechos humanos.
Morales fue un sacerdote muy comprometido con los más desvalidos.
Con el retorno a la democracia vivió momentos de mucha felicidad,
pero también de situaciones complejas, como la desaparición del estudiante
Ricardo Harex.
Dijo que esta situación la supo el primer día, en voz de unos
jóvenes que asistían a la Pastoral Juvenil, y que no tiene antecedentes nuevos
que puedan contribuir a la investigación, como en algún momento lo dijo el
padre del joven, Sergio Harex.