El
problema del alza de precios de los combustibles obedece a razones
ajenas a los países consumidores, Chile incluido. Para enfrentar esa
circunstancia parece útil volver a revisar el sistema de transporte para
articular un sistema que beneficie al sector transporte y al consumo
domiciliario.
Conviene
entonces observar cómo han solucionado este desafío algunos países, en
especial aquel del transporte de mercaderías con efecto sobre los
precios y la inflación, y el nivel de vida de la gente. Los países que
han avanzado en esta tarea garantizado un margen de ganancia justo y no
solo un mecanismo que fluctúa con especulaciones del mercado.
Puede
ser que sistema de precios del combustible que no afecte la calidad de
vida de la población sea debe estar regido por ley conforme con un
concepto bien social definido en la nueva Constitución Política.
Para
las regiones extremas parece también oportuno que la nueva Constitución
contenga principios que regulen los beneficios socialmente aceptables
aplicables al negocio de los combustibles para el transporte marítimo,
terrestre y aéreo. Esto no significa que el Estado termine por imponer
esos precios, pero, sin duda, la experiencia indica que la ausencia del
Estado facilita la especulación que termina siendo un cargo adicional
para el bolsillo de todos los chilenos.
También
resulta adecuado considerar lo que está ocurriendo con el precio de los
combustibles a nivel mundial, teniendo presente que Chile no es
productor capaz de satisfacer su siempre creciente demanda de
hidrocarburos. Estamos en medio de un escenario que, incluso, ha
motivado a algunos analistas a recordar la crisis del petróleo de los años 70, que condujo a Estados Unidos a construir su propia reserva estratégica de petróleo.
Frente
al problema mundial de los precios del petróleo, Estados Unidos y China
optaron por liberar parte de sus reservas para intentar reducir los
precios. Aún así, el volumen que ha liberado representa un porcentaje
menor del tamaño del mercado mundial del commodity más consumido en todo
el Mundo. Los 50 millones de barriles liberados por Estados Unidos
suponen poco más de la mitad del crudo que se produce en el mundo en un
solo día.
La
situación actual comenzó a gestarse en 2004 y tiene como referente la
decisión de los principales consumidores de avanzar hacia matrices
energéticas libres de hidrocarburos. Ello no solo por la responsabilidad
de los combustibles fósiles en el cambio climático, sino porque Rusia y
los países de la OPEP utilizan el petróleo y el gas natural como armas
geopolíticas. Según el experto Paul Robert (“El fin del petróleo”) los
grandes productores de petróleo están decididos a aprovechar los años
que restan antes de que estén los combustibles libres de CO2, y la
demanda mundial comience a disminuir.
Chile debe adecuarse a esta realidad y desafío.
Eso
podría ocurrir creando una empresa en la que, por ejemplo, el Estado
posea el 51% y el 49% restante esté disponibles para inversores privados
y gremios tales como los del transporte terrestre y marítimo, como
ocurre por ejemplo en ciertos países del Asia-Pacífico. Si fuera así,
para la zona austral un sistema de transporte combinado operado con
barcazas de un calado de unos 2,5 metros podría movilizar hasta 100
contenedores, y operar utilizando las decenas de puertos que existen en
nuestras costas.
El
gran estadista alemán Konrad Adenauer (padre de la Alemania moderna)
sentencio: “En un Estado ágil y pequeño, pero fuerte en lo social, debe
haber tanto mercado como sea posible, y tanto Estado como sea
necesario”: la economía y los negocios deben estar al servicio de la
gente.