Hace algunos días, la vivienda de un conocido dirigente social de la población Fitz Roy Alto fue consumida por un voraz incendio causado por la inflamación de un calefon.
A lo menos, dos concejales llamaron a los fonos de emergencia del municipio del que forman parte, pero a David Romo mucho caso no le hicieron, y a José Aguilante, menos, porque los llamados de ambos para solicitar la presencia de funcionarios y entregar alguna ayuda, no fueron respondidos: nadie contestó las llamadas hechas desde el celular.
Peor aún: cuando al fin se pudo encontrar a alguien, esa persona indicó que iba en camino y que casi estaba llegando al sitio del incendio, pero cuando arribó habían pasado un par de horas, según contó el mismo concejal Aguilante.
Los antecedentes del singular caso -remediado, en parte, en horas de la mañana del día siguiente al del incendio mismo- iban a ser puestos en conocimiento de las autoridades del municipio y se esperaba que, a futuro, esa situación no volviera a repetirse, aplicándose las medidas correctivas y sancionatorias si así lo ameritaba.
La prueba del llamado
Diario El Pingüino hizo la prueba de llamar a los diferentes teléfonos de emergencia que funcionan en la capital regional, para saber si prestan el servicio que se informa a la comunidad.
Y hubo algunas sorpresas y las debidas confirmaciones de la calidad de la mayoría de ellos.
La llamada al 132 fue respondida apenas se marcó, por la operadora de turno, quien agradeció la crónica, su intención y todo eso en forma amable, rápida y clara, porque el teléfono de Bomberos debe estar siempre disponible por si se llegara a producir algún siniestro o accidente que requiera la presencia de los voluntarios.
También se hizo la prueba con los números 131 y 133, fonos del Samu y Carabineros, respectivamente. En el Samu, el operador Arturo Díaz respondió enseguida, preguntando qué ocurría y dónde, y amablemente expresó que por ese medio no podía seguir dando datos, porque podría estar ocurriendo alguna emergencia.
Luego, se marcó el 133 (Carabineros) y el funcionario de turno, suboficial Juan Figueroa, demoró dos segundos en preguntar qué pasaba y en qué podía ayudar.
A continuación, se hizo lo mismo con el 134 (PDI), donde el subinspector Mauricio Molina consultó, a los cuatro segundos, la razón de la llamada; se le explicó de qué se trataba, y agradeció e indicó que debía atender otra llamada.
Y para completar el listado de teléfonos de emergencia más requeridos por la ciudadanía, se marcó el 130 (Conaf), donde se reciben llamadas por incendios forestales.
La operadora, Jessica Vásquez, pidió que este fono de emergencia sólo fuera utilizado por si se registraba algún incendio forestal, y que no estaba disponible para consultar si estaba abierta la pesca en la laguna Parrillar; sí podrían solucionarse algunas cosas administrativas o lo referido a las áreas silvestres protegidas.
Hubo coincidencia en que lo más molesto y desagradable para la labor de los operadores y operadoras de los teléfonos de urgencia son las bromas de mal gusto; las consultas “bobas” y las alarmas falsas, más frecuentes de lo que pudiera pensarse, lo que demuestra la falta de criterio de quienes tienen un sentido del humor muy discutible y repudiable.
Sin embargo, lo más sorprendente fue constatar que el Fono Drogas (Conace), que figura con el número 188 800 100 800, según Movistar “no está registrado” y, por lo tanto, según se informa a través de una impersonal grabación, que recomienda revisar la numeración o llamar al 103, no recibe llamada alguna: curioso, por decir lo menos, en estos tiempos en que se dice que se está trabajando para luchar contra el flagelo de las drogas y sus lamentables efectos, especialmente entre los jóvenes y los más vulnerables.
También llamó la atención la mudez del 135 (Fono Drogas), ilustrado con una hoja de marihuana, al parecer, y en el cual, una voz metálica indica que no está disponible, y la fría grabación que atiende en el 149 (Violencia Intrafamiliar), que da instrucciones a nivel nacional y tarda demasiado, si lo que se quiere es dar cuenta de alguna situación que afecte a la familia, a la mujer y a los niños (no se menciona a los varones).
También hay demoras si se llama a los fonos de emergencia que pondrían a las personas en contacto con los servicios de agua, luz y gas, los cuales marcan ocupado cuando se presenta algún problema debido a los cortes de suministro.
Y, finalmente, estaremos a la espera de saber qué ocurrirá con los teléfonos de emergencia que tiene anunciados el municipio de Punta Arenas, incluso en carteles metálicos instalados en las zonas de evacuación ante eventuales tsunamis, en Avenida Colón y al final del Carrera Pinto, sólo por mencionar dos de esos puntos.