Un llamado a la calma que llegó muy tarde

Cuando
en la mañana de ayer, el ministro de Salud, Jaime Mañalich, anunció que
Punta Arenas entraba hoy en cuarentena, la voz se corrió como la
pólvora entre la población. Los temores de desabastecimiento acumulados
en los días previos y la tensión almacenada en los últimos días, se
sumaron al hecho que gran parte de la población acababa de recibir su
sueldo (ver nota secundaria), para provocar que una multitud de personas
se volcaran a las calles en busca de artículos de primera necesidad:
abarrotes, frutas, verduras y remedios.

Cuando
horas después y siguiendo el protocolo habitual de informar más tarde a
la población local, lo que el nivel central ya había dicho, el
intendente Fernández tomó el micrófono para anunciar la cuarentena y
efectuar un tardío llamado a la calma. “No es necesario que se aglomeren
frente a los supermercados y farmacias en busca de productos de primera
necesidad, si mañana (hoy) pueden hacerlo con total tranquilidad”.

A
esa hora, ya pasado el mediodía, miles de personas en el centro de
Punta Arenas esperaban su turno para comprar todo lo que necesitaban y
también, lo que pudieran necesitar. En la aglomeración de la espera que
tanto se ha insistido en evitar, las personas aprovechaban de dar rienda
suelta a sus inquietudes y temores. “Lo único que me alegro es haber
comprado mi casa. Yo creo que de aquí en adelante mucha gente se va a
quedar sin trabajo y ahí los quiero ver”, decía una mujer con notorio
acento caribeño, en la fila de una verdulería.

“Yo
supe y vine. No es lo ideal, pero aquí en Magallanes siempre estamos
con el miedo a que nos puedan cortar los caminos y quedarnos sin comida,
Eso la gente de Santiago no lo entiende, que somos una isla y por eso
el temor es mayor”, agregaba Teresa Gómez.

Las filas ante las farmacias alcanzaban proporciones interminables.

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