Una fortaleza llamada comercio en Punta Arenas

Durante la semana pasada, explicábamos las distintas experiencias que viven los comerciantes en Punta Arenas, la misma situación que los bancos de la ciudad.

Fachadas que antes se apreciaban y fotografiaban especialmente por lo esplendorosa y patrimonial, hoy se esconden tras largas palmetas de aluminio, cercos de maderas e incluso, protecciones de fierro.

La ciudad que existió hasta hace tan solo dos semanas, día a día va quedando atrás y en su lugar se va instalando una fría y desolada imagen de fortaleza.

Ingresar a los bancos empieza a asemejarse a entrar a la “Guarida del Lobo”, una fortaleza casi impenetrable de la Segunda Guerra Mundial, donde Hitler realizaba sus reuniones más trascendentes.

Oscuridad, incógnita si se atiende o está cerrado, largas filas de espera, bajas ventas, priorizar rápidamente las compras, son solo algunos de los detalles que tanto locatarios como agentes de instituciones financieras más recalcan.

Cerca de cuatro horas es en promedio la atención que se desarrolla en algunos bancos, gente que “pierde toda la mañana” realizando trámites en busca de una normalidad que no termina de regresar.

El catastro por parte de las instituciones financieras en reparación de toda la destrucción vivida, es cercana a los 100 millones de pesos. La gran mayoría cuenta con seguros, pero, a diferencia de ellos, las pymes de calle Bories aún no logran cuantificar los daños económicos aunque varios de ellos ya viven los daños colaterales de tener que despedir a trabajadores, producto del temor de la gente de ir a las tiendas a comprar, como comentó el dueño de Zapatería Winnipeg. “La gente anda corriendo, prefiere gastar el dinero en lo más básico, nada más”.

Muchos microemprendedores han tratado de sostener estas casi tres semanas de movilizaciones ciudadanas, con la mayor paciencia y tranquilidad posible, pero varios también comienzan a ver como el sueño que lograron construir con esfuerzo y tesón, se va desmoronando cada vez más.

Fachadas
Los bancos “tapizados” con planchas de maderas o metálicas, hacen parecer casi como si se hablara de un edificio abandonado, oscuridad al interior, falta de luz natural, y un clima de calma y tensión al mismo tiempo es la que se vive en las instituciones financieras.

Varios agentes de sucursales concuerdan en que ante todo “está la seguridad de los clientes y trabajadores” y que “no se expondrán a que nuevamente se realicen actos vandálicos a costa de ellos”.

En el caso del comercio minorista, son los que ellos explican “más afectados” producto que en sus vitrinas, donde exponen gran parte de los productos que comercializan, lamentablemente se han tenido que ver cambiados por paneles de metal o madera, al igual que los bancos, lo que finalmente hace perder la magia de poder observar el producto antes de adquirirlo. Por otro lado, la incógnita del consumidor de saber si el local se encuentra atendiendo gente o no, ya que mirado desde afuera, pareciera estar todo cerrado, como un pueblo abandonado de una película clásica del Lejano Oeste.

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