Vecina relata sus vivencias al costado del estrecho

Desde
1960 la vida de Purísima Soto Reyes (86 años de edad) está marcada por
una apacible vista al mar del Estrecho de Magallanes. Vive al costado,
frente al Parque María Behety.

Nacida
en Isla Huar, cerca de Puerto Montt, al poco tiempo después se trasladó
hasta la capital de la Región de Los Lagos. “Crecí en una familia muy
noble, en la que todos los parientes eran jefe de la Armada”, recuerda.

En
abril de 1959 llegó a la zona magallánica: “Mi madre me dijo que en
Punta Arenas vivía una tía que necesitaba que la ayudara en una fuente
de soda”. A los seis meses después se casó, tuvo cinco hijos y enviudó
en 1991. “Fueron años buenos y malos, porque el hombre era medio
desordenado. En lo laboral hacía de todo, era Mentholatum”, revela entre
risas Purísima.

Al
año siguiente se instalaron con una casa de un piso en las orillas del
estrecho. Un paisaje absolutamente distinto al que se visualiza en la
actualidad.

Sin
embargo, una década más tarde tuvieron que ampliar la vivienda a un
segundo piso, puesto que había subido el nivel del piso del parque y del
camino, que en ese tiempo, recuerda, era una carretera.

“Teníamos
que buscar una forma de salir a la calle”, admite la vecina, que
también señala que instalaron una doble muralla en la parte baja para
contener la furia de las aguas, especialmente en condiciones climáticas
adversas.

Su
llegada a Punta Arenas coincidió con la aparición del Puerto Libre.
“Era una maravilla. Te traían cosas para el hogar, alimentación. Venían
unas conservas tan ricas, que nunca más comí unas tan buenas como esas. Y
una harina holandesa única”, rememora.

Cuenta que antes los productos eran más baratos, mostrando con orgullo una máquina de coser que le costó 85 pesos de esa época.

Luego
de 60 años viviendo en el lugar, considera que “han sido superbuenos”.
Dice no tener miedo al oleaje fuerte que allí ocurre. “Estoy
acostumbrada. Pero es bonito ver los barcos, otras veces veo a los
patitos que pasan por acá cerca, me entretiene”, señala. Advierte que
solo le tiene respeto al viento, especialmente el ocurrido hace unas
semanas.

Tuvo
cinco hijos, uno de ellos falleció a los pocos meses. La mayoría
prolongó la tradición familiar y pertenecen a las filas de la Armada.

Ante
la amenaza de sacar las viviendas existentes en ese sector, Purísima
Reyes dice que “la verdad es que no me imagino viviendo en otro lado.
Aquí hay una tranquilidad que la disfruto”, señala. No obstante, hace un
par de años, mientras pasaba las fiestas de fin de año en Puerto Montt,
fue víctima de la delincuencia. “Una persona que arrendaba acá cerca me
rompió vidrios y la puerta para robarme una tele y algunas ollas”,
lamenta.

Se
levanta a las siete de la mañana para ver las noticias de El Pingüino.
Conserva varias cosas adquiridas cuando llegó y las mantiene en buen
estado. Y cuando un barco hace presencia en las aguas magallánicas
aprovecha de usar binoculares para tener una mejor vista.

También
lamenta la imprudencia de los conductores vehículares: “Pasan camiones
con tierra sin tapar. Una vez estaba limpiando la vereda y pasó un
camión y me llegó tierra”, dice.
No obstante, ella no piensa moverse de este lugar.

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