Luego de superar el cruce del peligroso Estrecho
Le Maire y de haber recorrido las solitarias y maravillosas tierras de
la Isla de los Estados, nos disponemos a cumplir con nuestro desafío
final, llegar al faro San Juan de Salvamento.
Tras
un par de horas de navegación en aguas tranquilas divisamos a lo lejos
sobre un promontorio rocoso, bautizado “cabo San Juan de Salvamento “
por el comodoro Augusto Laserre en abril de 1884, la silueta geométrica
del faro emergiendo entre la vegetación.
Embargados
por una gran emoción nos acercamos a la costa de una pequeña bahía
donde el capitán del Ocean Tramp se dispone a fondear el velero para
nuestro desembarco.
Llegamos
a una pequeña playa donde iniciamos el ascenso por un angosto sendero,
abriéndonos paso en la frondosa vegetación. Nos recibe una pareja de
Jotes Cabeza Colorada con sus alas
abiertas secándose al Sol, como si quisieran abrazarnos. Tras unos
minutos de caminata y observación de los bellos panoramas que nos regala
el lugar, llegamos por fin al pie del faro.
El
faro actual, inaugurado en 1998, es una casa octogonal de 6,50 m de
altura, construida en madera de cedro, con un techo de zinc rematado por
una bola del mismo material. Es réplica del faro original, construido
en 1884 (el primero en la Argentina) que era de madera de lenga de 16
lados y unos 5 metros de altura y fue guía de infinitos barcos que
vieron facilitado su camino hacia el océano Pacífico, aunque a menudo
las embarcaciones zozobraban, víctimas de olas inmensas y de rocas
traicioneras.
Pero
la ubicación del faro no proporcionaba una buena visibilidad de su haz
de luz. Por este motivo en 1901 el gobierno argentino decidió levantar
el Faro Año Nuevo, situado un poco más al norte, en la isla
Observatorio.
En
su interior nos encontramos trabajos de índole arqueológicos y muestras
de la vida de los Guardafaros, innumerables recuerdos que vamos dejando
los viajeros y un libro de visitas el cual firmamos para dejar
testimonio de nuestro paso.
Desde una pequeña ventana observo la inmensidad del océano y entiendo por qué el genial Julio Verne escribió su novela y la llamó El faro del Fin del Mundo, o quizás, podríamos decir que es el principio.
Por Fabio Saltarelli