Cuando
en el verano de 1581 el rey Felipe II concedía la gobernación de las
tierras y poblaciones del Estrecho de Magallanes al gallego Pedro
Sarmiento de Gamboa, las instrucciones eran muy claras atendiendo lo que
el propio marino había propuesto a su Majestad: fortificar y poblar
aquellas latitudes para evitar nuevas incursiones de piratas y corsarios
ingleses que atacaban luego los puertos y ciudades del Pacífico
español. La rapiña y saqueos cometidos por el ínclito Francis Drake en
1579, urgía la toma de dichas medidas por parte de la Corona.
Así,
la expedición debía llevar soldados y también pobladores que allí se
asentaran, incluyendo parejas casadas con sus hijos… “Os damos
licencia para entender en el dicho descubrimiento y población podáis
llevar ahora, en el armada que se junta en el río de la ciudad de
Sevilla, de que es nuestro capitán general Diego Flores de Valdés, hasta
cien pobladores… Y habéis de procurar que los más sean casados y
estos han de llevar sus mujeres, y si quisieren llevar sus hijos, lo
podrán hacer. Y los unos ni los otros no han de ir ganando sueldo
alguno… en virtud deste capítulo, os los dejen embarcar en la dicha
armada sin les pedir ni demandar información alguna… Y vos habéis de
tener mucho cuidado que la gente que ansí recibiéredes y llevárades para
hacer la dicha población sean cristianos viejos y no de los prohibidos a
pasar a aquellas partes y que ningún casado vaya sin su mujer…”
El
Archivo de Indias atesora múltiples documentos -por fortuna muchos
digitalizados para facilitar su consulta- sobre aquella expedición,
varios de ellos del propio Gamboa relatando pormenores, derroteros,
dificultades, listas de soldados y pobladores, pertrechos, armas,
víveres, etc.
En
septiembre de 1581 partió una imponente flota formada por 23 navíos y
con 3.000 personas a bordo. En ella iban, además del nuevo gobernador de
Chile, Alonso de Sotomayor, varios centenares de soldados y un
importante séquito, más pobladores que se dirigían al estrecho.
Sarmiento de Gamboa escribió en junio de 1583, desde Brasil, dando
cuenta detallada de su nombre y cantidad, los solteros y los que
viajaban con sus mujeres e hijos.
“Que
todos los pobladores solteros son 114 sin los hijos de algunos que
consigo llevaban”, refiere Sarmiento de Gamboa. En cuanto a los casados,
“son por todos quarenta y tres casas -parejas- y una mujer soltera, que
son todas ciento y 34 raciones -incluyendo hijos-”.
De
las mujeres que iban a poblar aquellas latitudes australes, gélidas e
inhóspitas no conocemos muchos detalles pero sí el nombre de algunas.
Quiero mencionarlas como homenaje a aquellas intrépidas que en el
Estrecho de Magallanes dejarían su vida poco después: Catalina Díaz,
quien con sus tres hijos iba con su esposo, Alonso Bravo; Catalina
Xuárez, con su hijo y esposo Pedro Ortiz; Jerónima de Monguía, con dos
hijos y su esposo, Antonio de la Cueva; Luisa Alonso, esposa de Pedro
López; María López, esposa de Pedro Díaz; Isabel de Padilla, con su hijo
y esposo Diego Pérez; Catalina Mayor, esposa de Diego Ortun, (Se apunta
al margen que “murió su marido en la mar”); Ana Díez, esposa de Martín
Martínez, con su hija y suegra, (“murió la suegra en la mar”); y la que
no era casada, “María, soltera que murió en la mar, criada del
gobernador Pedro Sarmiento”,… Son sólo algunas de ellas, las que se
cita su identidad en el citado documento.
Finalmente,
mermados y diezmados, fueron menos quienes arribaron al estrecho en
febrero de 1584 tras superar mil infortunios. Los que allí arribaron
para nunca volver serían un total de 338 personas, distribuidas en dos
asentamientos fundados por Sarmiento de Gamboa: “Nombre de Jesús”, tras
pasar la primera angostura, y, “Rey Don Felipe”, ubicada más hacia el
oeste.
En
marzo de 1584, un total de 338 personas quedaron en el estrecho: “177
soldados, 2 frailes franciscanos, 48 marineros, 3 calafates, 1
carpintero de nao, 5 artilleros, 2 barberos, 58 pobladores, 4 herreros, 7
canteros, 5 carpinteros, trece mujeres, 10 menores niños”. Si a esta
lista suman al gobernador Gamboa, al alcayde y al “mayordomo de
artillería”, se cuentan los 338.
Realmente serían algunos menos, ya
que Gamboa pronto partió para recabar provisiones y auxiliar a quienes
quedaban en aquellas poblaciones recién fundadas por él. Pese a sus
denodados esfuerzos, nunca podría regresar y el destino de aquellos
hombres y mujeres fue el de la muerte por inanición, frío y abandono.
Como saben, cuando en 1587 pasó por allí el corsario inglés Cavendish,
halló aquel lugar desolado, en el que tan solo vagaban moribundos, un
puñado de hombres y mujeres. Lo que vio le hizo definir aquél lugar como
“Puerto del Hambre”.
Recientemente
se han encontrado dos cañones de “Rey Don Felipe”, aquél intento de la
Corona por poblar y defender aquél paso entre ambos océanos y que se
llevó la vida de trecientos hombres y mujeres, pues ellas siempre
estuvieron presentes en los más recónditos rincones del imperio español.