La
pantalla grande en Chile se fue a negro en marzo de 2020 y, salvo una
pequeña ventana de tres semanas de reapertura durante el verano, se ha
mantenido lejos del esplendor del que alguna vez gozó. Después de la
cifra récord que se alcanzó en 2019, en que se superaron los 29 millones
de espectadores, los complejos se han mantenido cerrados en pandemia,
desatando una crisis que hasta ahora ignora sus alcances.
Primero,
en octubre, fueron las cadenas de cines las que emitieron una
declaración en que alertaron que “la industria cinematográfica está en
peligro”. La mañana de este miércoles fue el turno de las principales
distribuidoras del país, que expusieron las razones por las que
advierten un “abandono con el sector y la ausencia de políticas
efectivas”, en cuestionamiento a las pautas de la autoridad, que sólo
permiten el funcionamiento de los cines de fase 2 en adelante.
Actualmente
en el país operan sólo dos salas, ambas en Punta Arenas: Cine Star y
Sala Estrella. En esos lugares Cinecolor ha podido estrenar Cruella y
Raya el último dragón, dos títulos que se lanzaron en simultáneo en la
plataforma Disney+ y en cines del mundo, y que eventualmente debieran
saltar al resto de los complejos chilenos cuando se selle una reapertura
más amplia.