Miguel Angel López comenzó a hacer historia en el ciclismo mundial ganando la etapa 11 de la Vuelta a España 2017.
El corredor nacido en Pesca, Boyacá, llegó primero al Observatorio de Calar Alto, luego de una escapada en el último kilómetro. Lo de López es comparable a una hazaña si se tiene en cuenta que detrás de su rueda llegaron corredores de la talla de Chris Froome y Vincenzo Nibali.
López, alias Superman, voló por las rampas del Observatorio Astronómico de Calar Alto: 15,5 kilómetros al 5,9% de pendiente media, aderezados por un fuerte viento de cara en la subida, y por la lluvia que cayó durante las tres primeras horas. Es un ganador del Tour del Porvenir, igual que Quintana y Chaves. El futuro de los escarabajos ya es décimo y se alzó nuevo líder del ‘Dorsal AS 50 Aniversario’ al Mejor Joven. Hay que seguirle.
Desde que Froome cogió el maillot rojo en Andorra (3ª etapa), y sobre todo cuando lo consolidó en la Cumbre del Sol (9ª), hay una sensación externa de que ya tiene ganada la Vuelta a España. Sobre todo cuando miramos los perfiles y nos topamos con esa contrarreloj de 40,2 kilómetros en Logroño (16ª). Dentro del pelotón no tienen esa convicción. Y si la tienen, al menos se encargan de disimularla, como buenos profesionales. Especialmente Nibali, un campeón que luce en su palmarés la triple corona: Giro, Tour y Vuelta.
El Bahrain ya había trabajado el día anterior en el Collado Bermejo, sin frutos. Y este miércoles lo hizo en el Calar Alto, con óptimos resultados. No cazaron la pieza mayor, aunque hubo momentos en los que parecía que Froome se iba a descolgar. Le vimos en la última plaza del grupo delantero. O sufría, o tomaba carrerilla. Nunca se sabe con él. Despistó que dejara a Nieve saltar a por el bigotudo Pellizotti en un duelo de segundos espadas, pero lo paró pronto, cuando se sintió en apuros. El jefe estaba tragando demasiado aire.
Ese viento frenó ataques más lejanos. El hiperactivo Nibali lo vivió en directo. Cuando se marchó solo a dos kilómetros de la cima almeriense, se oyó el tarareo de la canción: “No pares, sigue, sigue… Se la llevó, el Tiburón”. Pero tuvo que parar, porque pedaleaba contra un muro. Llegó por detrás Superman, que le remachó. También Chris Froome, que ya no se separó de él. Igual que Kelderman. Y un poco más retrasados cruzaron Contador, que había disparado sin éxito a mitad de subida, y Zakarin.
Los demás gallos se fueron presentando en la línea a más de un minuto. El primero que asomó fue De la Cruz, que había sufrido un inoportuno pinchazo cuando empezaron los movimientos decisivos en el grupo de favoritos. Muy mala suerte. Se le escapó un buen día.
A pesar de ello, el catalán ha ascendido en la general a la cuarta posición, a sólo tres segundos de Chaves, uno de los perdedores de la jornada.