“Fito” Martinovich: un grande que puso su sello futbolístico dentro y fuera de nuestra región

Conversar con Rodolfo  “Fito” Martinovich es remontarse a muchos
años de gloria de nuestro fútbol en Magallanes, aquel que nacía de la Pandilla
de mi Bar
rio, para involucrarse en la
Asociación Punta Arenas, gracias a las gestiones de los dirigentes de la época
o bien en los grupo de amigos que hacían potenciar a los equipos de las ligas
de fútbol del Barrio Sur y la 18. De visita por estos días en nuestra ciudad
visitando a su familia, conversó con Pingüino Multimedia sobre sus inicios en
el fútbol, su debut en la Selección de Punta Arenas, su paso por el fútbol
profesional chileno y la decisión que lo llevó a radicarse de forma definitiva
en la ciudad de Río Gallegos tras su llegada al Boxing Club, equipo que lo
atrapó y no lo dejó volver a su tierra natal.

 -¿Cómo fueron sus inicios en el fútbol?

“Mis inicios, uhhh para
hablar de mis inicios hay que tener memoria…jajaja, Bueno fue el año 61 jugando
en la recordada Pandilla de mi Barrio, por el Club San Miguel, cuna de grandes
jugadores de la época. Como equipos tuvimos la fortuna de salir campeón invicto
y de forma personal goleador. De ahí salté al estadio a jugar por el Club
Deportivo Magallanes, debido a la cercanía que tenía el Club San Miguel con en
el de Magallanes, las gestiones del dirigente Herminio Caneo y además porque ya
existía una tradición familiar con ese club. De hecho la primera reunión del
Club Magallanes se realizó en la casa de mis padres. Al mismo tiempo que
fichaba en Magallanes, como se podía jugar de forma paralela en el Barrio Sur,
lo hice por el glorioso Club Deportivo Titán, donde me fui a jugar debido a mi
cercana relación con José “Calafate” Uribe, con el cual además compartíamos la
pasión por el box y donde debuté en adulto a los 15 años jugando contra la
Estrella del Sur, aquel equipazo donde jugaba el gran Humberto Segovia, quien
más tarde fue mi entrenador, ya que después de un par de temporadas emigré a
jugar por el Estrella del Sur. A los 16 años debuté en el equipo adulto del
Club Deportivo Magallanes y a los 17 ya era parte de esa gran Selección Juvenil
de Punta Arenas en el año 1967”.

               

-¿Qué significó ser
parte de esa selección juvenil que viajó a La Unión?

“Un orgullo inmenso por lo
que significaba estar dentro de ese plantel, los mejores jugadores de esa
época, jugaban todos en el estadio, por ser la única Asociación en Punta
Arenas, ya que Barrio Sur y la 18 eran ligas. Entonces imagínate la cantidad de
jugadores buenos que existían. Viajamos a un zonal sur que se jugó en La Unión,
un cuadrangular donde los dos mejores clasificaban al nacional de Antofagasta.
Los cuatro que componían este cuadrangular 
eran el local La Unión, Lota, Puerto Montt y nosotros los invitados de
piedra. Debutamos contra el local, le ganamos uno a cero, se querían morir,
después le ganamos a Lota y terminamos la fase empatando con Puerto Montt. Con
esos resultados clasificamos al nacional y al otro día estábamos tomando el
tren rumbo a Santiago y acto seguido hasta Antofagasta. Era tanta nuestra
confianza jajaja en viajar a La Unión, que muchos de nosotros llevábamos ropa
para un par de días no más”.

 

-¿Qué jugadores eran
referentes de aquella selección que fue a La Unión?

“Bueno, partiendo por un
tremendo goleador y amigo de toda la vida, Enrique “Caco” Cárcamo, Peter
González, “Pepe” Marín, Néstor Castro, “Pacheco” y muchos más…”

-¿Cómo fue esa
experiencia de aquel nacional de Antofagasta?

“Maravillosa, imagínate por
el calor, jugábamos los partidos de noche, algo nuevo para nosotros, con suerte
aquí jugábamos en la noche la pichanga bajo el poste de luz, jajaja, y más
encima llevábamos un solo juego de camisetas y gruesas, seca pesaban como 100
gramos cada una y si a eso al término del primer tiempo le agregabas la
transpiración, volvíamos en el segundo tiempo a la cancha pesando un kilo la
camiseta. Futbolísticamente si bien hicimos buenos partidos no los alcanzó para
seguir más adelante por el alto nivel competitivo. De hecho de ese nacional
salieron tres jugadores importantes del fútbol chileno, que ese entonces se
fueron a Universidad Católica, Julio Crisosto, Hugo Solís y Mario Maldonado”

 

-¿Si bien su puesto
habitual era de volante, ese nacional lo jugó de líbero?

“Sí,
el técnico conversó en su momento conmigo 
para poder jugar en esa posición, ya que nuestra defensa tenía un
déficit de altura, por lo que accedí a jugar de último hombre, cumpliendo ese
requisito, pero con la condición que yo no cambiaría mi estilo de juego, ante
el riesgo de salir eludiendo jugadores o hacer un túnel en el área, a lo cual
el técnico me entendió y acepto. La verdad es que realicé un muy buen nacional
jugando en esa posición, con lo cual llamé la atención de los dirigentes por mi
forma de jugar, siendo un central diferente para la época”.

 

-¿Cómo se dieron las
posibilidades para llegar al fútbol profesional chileno?

“A
raíz de lo que mostré en este nacional surgieron las ofertas de U. Católica y
Antofagasta. Obviamente me incliné por la oferta que me ofreció en su momento
Católica, aún cuando eso significaba ir a jugar en juveniles en comparación a
lo que me ofrecía Antofagasta que era para ser parte del primer equipo.
Católica ya era una institución súper importante en nuestro fútbol  y la proyección como jugador sin duda no
tenía comparación. Lamentablemente no me cumplieron con las cosas que se me
habían prometido en ese momento y ante mi decepción del fútbol profesional
volví a mi tierra con la convicción que si de verdad tenia condiciones para el
fútbol no sería mi  última oportunidad. Y
así fue a la vuelta de un año, a través de la cercanía de Vladimiro Mímica con
el Club Magallanes, vuelvo al fútbol profesional para debutar con la camiseta
albiceleste el año 69, frente a un equipazo de ese momento como lo era Audax
Italiano. El año 72 tras una complicada lesión en la columna que no me permitió
entrenar y rendir de forma óptima, más la llegada de un nuevo técnico, me voy
de Magallanes, siguiendo a mi antiguo entrenador al equipo de Ovalle, a la
Segunda División, con la finalidad de recuperarme bien de mi lesión y hacer en
ese año un buen campeonato, que  me permitiría
tener mejores ofertas para llegar a un equipo importante de vuelta a Primera.
Lamentablemente a una semana de mi debut, en un partido amistoso contra San
Felipe, en el entretiempo volvió la lesión, no pude más con mi columna y en ese
momento decidí volver a Punta Arenas, entendiendo que con mi lesión no podría
seguir  rindiendo a ese nivel, retornando
el año 73 al Club Magallanes de mi ciudad”.

 

-¿Cómo aparece el Boxing
Club de Río Gallegos en su vida?

“El año 74 viajo a San
Julián reforzando al Sokol, donde me vio jugar la gente del Boxing y se
acercaron un par de dirigentes a conversar conmigo. Me hicieron una oferta
importante para la época, con la condición de que fuese parte de su plantel. Y
desde ahí hasta los días de hoy nunca más volví a vivir a Punta Arenas.
Participé como jugador activo del Boxing hasta el año 83, y siendo aún joven
con 32 años decidí no jugar más y dedicarme por completo a mi carrera como
técnico, que ya la venía realizando en el Boxing en las series inferiores
siendo jugador del primer equipo. Esto de dirigir en las series infantiles
quizás apuró un poco mi retiro por lo que significaba trabajar con esa
juventud, buscando su oportunidad en el equipo adulto”.

 

-¿Qué
significó trabajar como técnico del Boxing, incluso en la selección de Río
Gallegos?

“Una experiencia
importante, primero porque tienes todos los medios económicos y deportivos para
poder realizar una gran labor. Volcar tu experiencia deportiva en años de
fútbol, lo cual me validó  para obtener
varios títulos de campeón importantes y no sólo con el Boxing, también con
Independiente, San Lorenzo y la Selección de Río Gallegos”.

 

-¿Nómbreme
algunos grandes jugadores de la época de nuestro fútbol magallánico?

“Existen
muchos, sería una lista interminable, pero por nombrar algunos, entre los que
tuve más cercanos y que los vi jugar, no podría no nombrar a Dolorindo “Lulo”
Hernández, Mario “Milupín” Cárdenas, Enrique “Caco” Cárcamo, Humberto Segovia,
“Pancho” Téllez, “Pepe y Chicho” Segovia, “Panza” Vargas, José “Pelé” Díaz y
tantos mas.”

 

-¿Qué
significa haberse hecho de un nombre importante en el fútbol y lo mejor que le
ha dejado?

“Es
haberse entregado por completo a una pasión. Orgulloso de lo que pude realizar
como deportista, pero más importante es lo que puedas dejar como persona. Sin
duda, lo mejor que me ha dejado el fútbol son las amistades, tengo amigos
entrañables de muchos años y de todos los clubes donde pude jugar y eso se
agradece”. 


Estamos llegando al término de esta entrevista y mi última pregunta sería, ¿a
quienes tiene que agradecer que hayan sido parte en su carrera deportiva?

“Sin
duda alguna a mi familia, agradecer a Herminio Caneo, un gran ex dirigente del
Club Deportivo Magallanes, a Lucho Miller, director técnico de la Selección de
Punta Arenas en esa época y la amistad de años con Enrique ‘Caco’ Cárcamo y
Manolo de la Torre”.

(Texto : Christian González)

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