Chile vuelve a la vieja costumbre de ver el mundial por televisión

La maldita Ley de Murphy dice que cuando todo lo malo puede pasar, pasa. Esta lógica pesimista resultó ser más realista que nunca, ya que Chile tuvo un partido amargo con Brasil, en el que, a ratos, se rozó la alegría. Finalmente, los que tenían que ganar para que la selección de Pizzi quedara fuera del Mundial, ganaron y los que tenían que empatar, adivine, empataron.

El rendimiento se fue en picada en las últimas fechas y el amor que se había generado entre la hinchada y el “Macanudo” terminó yéndose al tacho de la basura, cuando el ex técnico de Universidad Católica decidió no convocar a Marcelo Díaz, motor de la selección.

Así, el duelo ante Brasil resultó siendo una tragedia. Esto, pese a que el primer tiempo parecía ser de buen augurio. Pese a no jugar bien, la selección chilena tenía a su favor que Brasil tenía llegadas lejanas, tiros de larga distancia que poco atemorrizaban al portero Claudio Bravo, que aleonando a sus compañeros, tuvo dos tapadas brillantes.

El final de esta primera etapa, fue el comienzo del fin. Quizás sea demasiada la responsabilidad que se le pueda achacar, pero el cambio de Charles Aránguiz terminó siendo relevante para el funcionamiento de Chile. De todas formas, el “Príncipe” jugó con un desgarro y le puso el corazón, cuando las piernas no podían.
El gol de Paulinho abrió las dudas en un Chile que seguía clasificando en ese momento. había solamente que aguantar y se hizo… muy poco tiempo.

Sólo dos minutos después de la apertura de la cuenta, Gabriel Jesús le ponía la tarea cuesta arriba a los dirigidos por Juan Antonio Pizzi, al marcar un gol que afectaba el corazón de los 17 millones de chilenos que presenciaban cómo se venía encima el tiempo.

El empate de Perú en Lima, debe haber sido un acto heroico para los peruanos. Una oportunidad merecida para un pueblo que hoy debe estar prendiéndole velas a Paolo Guerrero, genio y figura de una selección incaica que finalmente fue la mayor beneficiada con la resolución del TAS, que le otorgó los tres puntos a los peruanos ante Bolivia.

De ahí, sin ideas, Chile avanzó. Pero no se ocasionó nada. El tiempo se acababa y tal como “Saw”, película que estuvo tan de moda hace algunos años, el tiempo corría y parecía que algún instrumento nos perforaba las entrañas.

En la última jugada, hasta Claudio Bravo subió al área de Brasil, a ver si se lograba un milagro. Se había conseguido en el duelo ante Ecuador, tras un rebote, luego de un tiro de Felipe Gutiérrez, pero en esta ocasión, terminó siendo la lápida, la extremaunción del equipo, que le había otorgado dos alegrías históricas a un país poco acostumbrado a celebrar con el fútbol.

Gabriel jesús, compañero y amigo de Claudio Bravo en el Manchester City, terminó siendo el que jubiló a una generación dorada, cuando el despeje del centro que pretendía cabecear el arquero chileno, terminó en sus pies y no tuvo más que definir, ante la ausencia de guardameta.

Tras esto, todo un país lloró. Los 23 seleccionados, no pudieron hacer más que repetir esto mismo y el técnico Juan Antonio Pizzi, también afectado, se vio obligado a dar un paso al costado y decidir dejar la selección.
“He tomado la determinación de no continuar en la selección” aseguró el técnico que celebró el bicampeonato continental en Estados Unidos y que no pudo repetir la hazaña llevando a Chile al Mundial de Rusia 2018.

Así, como todo final trágico, nos quedamos con una sensación de espanto, de no saber cómo todo se fue a un hoyo, de repente, cuando parecía que la clasificación estaba en las manos. Pero, tal como el “cariño” del que hablan Los Tres en una conocidísima canción, se fue “como agua entre los dedos”.

Adiós generación dorada. Bienvenidos nuevos tiempos. Tendremos que volver a ver un Mundial por televisión y emocionarnos con colores ajenos.

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