Nelson Quiroz es un joven periodista de Viña del Mar, y
siempre se ha considerado un seguidor del básquetbol. Incluso mientras
estudiaba periodismo en la Universidad de Aconcagua, hizo una tesis
sobre la ‘Copa Pancho’, tradicional evento cestero en esa región, que
terminó siendo su primer libro.
“Descubrí
que había una gran cantidad de jugadores nacidos entre los años 1976 y
1981, en el cual, por diversos motivos, especialmente, por problemas de
la Federación, no contó con un plan de trabajo y que pudo haber colocado
a Chile en la alta competencia internacional”, indicó Quiroz desde
Valparaíso.
En
su investigación, detectó hitos que registra las series menores del
básquetbol nacional en los últimos años y registrado en un segundo
libro, lanzado hace un par de semanas, llamado “Derribando Muros”, que
se refiere al grupo de jugadores que ganaron el Sudamericano sub 17 en
Lima 2017, misma fecha que obtuvo los fondos del Ministerio de las
Culturas y las Artes para ejecutar el proyecto. “Tuve la suerte que
salieron en portada de los diarios y los evaluadores de concurso
conocieron más sobre el tema”, reconoce el escritor.
Sobre
el libro comenta que “tuve la posibilidad de ver casi todos los torneos
y dije que ‘ojalá no se repita con estos chicos’ de los errores
cometidos anteriormente. Aprovechar el potencial que tienen, ayudados
porque un par de ellos miden más de 2 metros, como son los casos de
(Maxwell) Lorca y (Nicolás) Carvacho, que están en la alta competencia a
nivel universitario. Nos cae del cielo y pone a la selección chilena
inmediatamente a competir a otro nivel”, concluye el periodista.
En
220 páginas, cuenta datos de los torneos jugados, además de las
historias de jugadores. “Todos dicen que son buenos, pero no se había
sabido de los sacrificios con sus familias, algunos se van con 14 o 15
años a Estados Unidos y cuentan todo lo que han vivido y aguantado”,
resume.
– ¿Esta generación se debe a un plan impuesto por la Federación de Básquetbol?
“Hay
de todo un poco. Por un lado, la labor de los entrenadores de cada uno
de los clubes. Pero hay factor fundamental que es el técnico Juan Manuel
Córdoba, que parte con los Juegos Odesur en el año 2010 porque el
equipo sale tercero algo que no se lograba en divisiones menores desde
el año 1986. Este mismo torneo, Hardy Weissohn (puntarenense) no pudo
asistir porque estaba en Estados Unidos. Si hubiese estado, creo que
Chile hubiese sido campeón. De ahí en adelante, Chile empieza a ser
protagonista porque los jugadores se creen el cuento y comienzan a jugar
de igual a igual: les gana a Venezuela y Uruguay, como también empieza a
pelear palmo a palmo con Argentina y Brasil”.
– ¿Comienza a trabajar en procesos?
“La
clave es que se trabajó un largo proceso y eso trajo consigo que
tuviéramos buenos resultados. Después, Galo Lara tomó la selección y
salieron campeones en Perú. Antes se juntaban dos semanas antes, se
subían al avión y a competir. Ahora existen concentraciones regularmente
y campeonatos, como la actual selección sub 17 que viene de una gira
por España a cargo del head coach Daniel Frola. Para el premundial de
Canadá, jugaron un par de amistosos y nada más. Lorca y Arroyo se
unieron justo antes de debut. La idea es jugar en Argentina o Brasil y
si hay más recursos viajar a Estados Unidos o Europa”.
– ¿Estos jugadores sienten la presión por la comparación con la generación dorada del fútbol?
“Más
que una presión es una ilusión y eso es lo que se han juramentado. Hago
la comparación con la generación dorada de Argentina, quienes pierden
la opción de jugar un mundial en 1997 y se juramentan jugar de igual a
igual con las potencias. Con estos chicos pasa lo mismo y hay un
compromiso por la selección. Por ejemplo, Sebastián Herrera juega en
Alemania y muchas veces viaja a jugar un solo partido. Ellos se
proyectan a jugar los Panamericanos y las clasificatorias del mundial
2023. Si se dan las condiciones, Chile puede clasificar a un mundial”.
En
el libro también cuentan historias de jugadores de Magallanes. “Chile
ha tenido una mala suerte. Han tenido jugadores de proyección, pero por
algún motivo no han podido llegar más lejos. Por ejemplo, el caso de
Pablo Coro Quitral que tenía mucha proyección en el básquetbol
universitario. Estando en UTAH, logra ir a una Universidad de la
División 1 de la NCAA y se lesiona dos veces. Si no, Coro estaría
jugando en Europa, pero su carrera se habría proyectado de otra forma.
En el caso de (Hardy) Weittson ocurrió como muchos casos, que tienen que
elegir entre los estudios o jugar básquetbol. Y sobre Carlos Lauler
aparece porque jugó el Premundial que se disputó en Cancún el año 2011 y
después fue a Mannheim, Alemania (a un mundial U18 no oficial) donde
lamentablemente se lesiona en el segundo partido, cuando era titular
indiscutido”.
En
un par de semanas, el libro ha tenido una buena recepción, en el cual
sostiene un cambio de paradigma desde que Marcelo Bielsa dirigiera a la
selección de Chile. “Comenzaron a publicar más libros de fútbol después
de otros deportes y eso acercó la literatura a un público más popular”,
concluye Nelson Quiroz.
@CarlosMuga