(Fuente: www.elgraficochile.cl)
Vergüenza. Rabia. Pena. Todo. La definición del Torneo de
Apertura fue un verdadero bochorno. Colo Colo, que dependía de sí mismo, llegó
al Elías Figueroa Brander de Valparaíso con la misión de alcanzar la trigésima
primera estrella. La fiesta prometía ser total, pero la violencia superó todo y
en una jornada para el olvido, los albos festejaron la coronación sin jugar.
La historia comenzó durante la semana, cuando los hinchas
wanderinos prometieron en redes sociales hacer lo posible para suspender el
partido y evitar que el Cacique diera la vuelta en Playa Ancha. Los graves
incidentes en la ruta 68, en el centro de Valparaíso y en los alrededores del
recinto daban luces de que a la hora del partido el estadio iba a ser un
polvorín.
La guerra se desató minutos antes del inicio del partido. La
Garra Blanca recibió a sus jugadores como de costumbre, con numerosa pirotecnia
y gran cantidad de extintores que hizo practicamente invisible la cancha. Fue
en ese momento cuando unos veinte hinchas colocolinos invadieron la cancha ante
la pasiva mirada de las autoridades. A partir de allí todo fue una batalla
campal. Los hinchas wanderinoa no soportaron la afrenta y allí fueron en busca
de los violentistas albos quienes a esa altura se tomaban la pista de recortán
pese a las airadas súplicas de Justp Villar, Claudio Baeza y Gonzalo Fierro,
quienes cara a cara pedían freno a los incidentes.
Luego, durante unos diez minutos, ambas barras se
enfrentaron en la misma cancha del reducto playanchino, ante la ausencia de
Carabineros y el estupor de todos los hinchas, jugadores y terna arbitral quien
no demoró mucho tiempo en suspender el encuentro. Mientras eso ocurría, en la
caseta de Carabineros, en el cuarto piso del estadio, las autoridades
policiales, el gobernador Omar Jara y el jefe de Estadio Seguro, José Roa
sostenían una áspera discusión, pues la tardía reacción de los dispositivos de
seguridad y el ingreso de Fuerzas Especiales tenía a todos con los nervios de
punta.
Finalmente, Carabineros ingresó quince minutos desde el
inicio de los incidentes. Demasiado tarde. A esa altura la cancha de Playa
Ancha era un desolado campo de batalla. Cámaras de transmisión en el suelo,
inutilizables, arcos caídos sin sus soportes, reporteros gráficos lamentando el
robo de sus equipos, la estática publicitaria destruida en el suelo, y los
jugadores, visiblemente nerviosos, estupefactos exigiendo respuesta a uno de
los hechos más repudiables que se ha vivido en el fútbol chileno.
A kilómetros de Valparaíso, Católica no pudo con sus
fantasmas, cayó por la mínima ante Audax Italiano en La Florida y le entregó en
bandeja el título a Colo Colo, quizás el más amargo en sus 90 años de historia.