¡Sentarse señores!, pero frente a un buen televisor, que el partido va a comenzar

“Mundial” es sinónimo de televisor. Ojalá el más grande, de mejor definición, y capaz, casi, de trasladar al televidente al mismo estadio.
Otrora eran pocas las posibilidades, a lo mejor un Triniton, un Panasonic, un Sanyo o un general Electric (todos en Zona Franca). Entonces, aquellos fanáticos de los ’80 se desvivían por un Betamax o un VHS, capaz de registrar en cinta los partidos.
Ya en los ’90 la cosa se vino en grande, en pantalla sobre 30 pulgadas, con precios para todos los gustos y con una oferta casi a la par de la demanda. Y aquello ocurre en Punta Arenas, en Santiago, en Buenos Aires, aquí y en la quebrada del ají. Y también en Brasil, la misma sede de la cita futbolística, dentro de 40 días.
Justamente, es en Brasil donde está el caos en materia de televisores. Como en tantos países, los aparatos, cada vez más grandes, acaparan las vitrinas de las tiendas y desatan una afiebre mundialista que llevará a que la venta de estos artículos supere en 60% lo ocurrido en un año normal.
Pero pocos parecen saber, y a pocos parece importarles, que esta locura por los televisores puede resultar perjudicial para el medio ambiente y para la población. En el caso de Brasil, este país produce 6,5 kg de basura electrónica por habitante cada año, y se prevé que esa cifra aumente a 8 kg para finales de 2015, o sea, 16 millones de kilos de desechos electrónicos. El problema es que en la nación anfitriona del Mundial no existen medidas procesar adecuadamente dicha “basura”.
La preocupación se ve agravada por el hecho de que 2014 será el último año en que Brasil producirá televisores de rayos catódicos (también llamados “de tubo”). A partir de 2015, de las fábricas sólo saldrán pantallas de plasma y LCD.
Aunque estos dispositivos duran mucho más que un teléfono inteligente o una tableta, la cuestión de su eliminación inquieta a los expertos.
Los brasileños suelen donar sus aparatos de televisión viejos, pero con el aumento de la clase media brasileña y del consumo en los últimos años, hay cada vez menos gente dispuesta a aceptar un televisor que no sea plasma, LCD o LED.
Por eso, es posible que en los próximos años estos aparatos sean desechados de cualquier manera y en cualquier lugar, siendo perjudicial para el entorno y los recicladores informales.

Reciclaje
Los antiguos televisores de tubo tienen plomo, cadmio, bario, fósforo y otros elementos tóxicos que pueden causar daño neurológico y otros problemas de salud. Los modelos nuevos también tienen plomo y plástico, aunque en concentraciones más bajas.
Cuando la eliminación y el reciclaje se hacen correctamente, sin embargo, se pueden extraer sin riesgo los elementos químicos, que tienen un valor comercial más alto, así como el vidrio y el metal, que pueden ser reutilizados por la industria. Ese trabajo, además, podría generar miles de empleos sustentables, según el estudio del Banco Mundial.
El tema también pasa por el costo. En Japón, por ejemplo, es responsabilidad del cliente empacar el televisor y enviarlo por correo al centro de reciclaje más cercano.
¿Se imagina cómo sería eso en Punta Arenas? Tendría que haber un servicio especial para llevar estos aparatos hasta el vertedero municipal del sector Leñadura, con un costo adicional para el usuario o bien, como seguramente ocurriría, a cargo del municipio.

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