Una alabanza a la rabieta infantil

Este es uno de los primeros pasos para que la industria cinematográfica se concentrase cada vez más en la estrategia de comercialización de sus contenidos, creándose de esta manera estudios especializados para niños y adolescentes.

Es así como aparecen Pixar y Dreamworks, que si bien han realizado películas de todo tipo, tienen su mayor reconocimiento en los éxitos de dibujos animados.

Siguiendo así la lógica del mercado, cada vez son menos los productos masivos y cada vez más los de un público específico.

El caso del Pájaro Loco es sin duda una buena muestra de cómo el espectador objetivo se va cercando más, teniendo este estreno (llevado al cine por la productora Illumination Entertainment, la misma que hizo los Minions) un contenido casi exclusivo para niños pequeños.

Es por eso que evaluar el Pájaro Loco pasa por la dificultad de ponerse en el papel de los más pequeños y ver si consigue entretener.

Si bien ni siquiera esto se logra del todo, no se puede pasar por alto el mensaje que esta película deja y que puede ser nefasto.

Partamos por la premisa de que la trama del Pájaro Loco es poco convincente y creíble.

Esto podría pasarse desapercibido por el hecho de descomplejizar una narración que es dirigida a niños, pero como se ha demostrado en películas como Coco, no es una línea obligatoria para este tipo de contenidos.

Además, el bajo presupuesto o las ganas de invertir poco para ganar más, hacen de los efectos especiales de este film, algo que en su tiempo podría haber caído en las manos del Pera, el Salfate y el Rumpy, cuando se dedicaban a quemar películas en Maldita Sea (claro que solo lo hacían con las de terror).

Pero el punto que hace que esta película sea deleznable es su mensaje.

Sin un afán moralista, diremos que el Pájaro Loco es un mal ejemplo para los niños. Es que, al contrario de los nuevos films para niños, pareciera que el guionista de esta reedición de la serie animada, quiso quedarse en el pasado, en el origen nuclear del dibujo animado, con un desarrollo del personaje que ya ni siquiera se ve en las películas de Mickey Mouse y pertenece más a tiempos de Guerra Fría.

Pájaro Loco propone el enfrentamiento físico como única solución de los conflictos. A lo largo de la película podemos ver cómo Woody tiene un gran éxito en la humillación del resto, pero cuando apela a sus emociones, simplemente las cosas fallan, por uno u otro motivo.

El diálogo para resolver los problemas sólo existe bajo la forma de la recompensa, del interés personal.
Lo más peligroso es que esto está recubierto de una justificación clara, que nos dice que el “obrar mal” de los personajes que son víctimas del pajarraco, hace que se merezcan lo que les sucede.

El castigo como forma de naturalizar la violencia.

Si esto no fuera poco, la película entra en una burda intención de canalizar una energía presente en los niños: la violencia reprimida contra el padre.

En una mezcla de las pulsiones de Lacan y el complejo de Edipo de Freud, este estreno nos muestra una pequeña guerra entre padre e hijo, en la que el pequeño parece el gran ganador.

El problema no es sólo la figura del hijo como un pequeño dictador que impone sus reglas y que se venga de su padre (y curiosamente de su madrastra, como sustitución femenina de la madre), sino en el círculo vicioso que se crea del castigo.

Todo esto se hace aún más explícito debido al recurrente diálogo que Woody establece con el espectador, haciendo cómplices de sus actos a quienes lo observan desde la sala de cine.

La falta de espacio hace obviar muchos puntos que resultan importantes y que hacen que Pájaro Loco sea un mensaje repugnante: la propiedad individual como fin superior, la poca conciencia ecológica (del propio Woody y sus cajas de galleta), la exaltación de las rabietas infantiles, el relato pseudo freudiano de la relación madre-hijo, la poca compasión y la celebración del egoísmo.

Tal como hizo Jack Valenti, cuando asumió el cargo de la MPAA (lobby y brazo político de Hollywood), estableciendo normas de diferenciación de públicos para las películas, debería existir al menos una categorización dentro de los films para pequeños, que nos hablara explícitamente del contenido. Burdo sería la palabra para Pájaro Loco, que tiene un peor mensaje que muchas películas de terror, prohibidas para los niños.

Contenido relacionado

Envíanos tu denuncia o información AVISOS ECONÓMICOS