A sólo un año de remodelado, vándalos rayan paseo en Cerro de La Cruz

Pudieron haber plasmado en los muros de concreto liso, algún paisaje regional; un trozo de bosque; una parte de un lago o del Estrecho de Magallanes, porque habilidades y aptitudes tienen.
Pero no.
Optaron lo que una vecina calificó como “el camino de la maldad y del mal gusto” porque a los muros del Mirador del Cerro de La Cruz, uno de los más hermosos y céntricos paseos de Punta Arenas, los llenaron de esos mamarrachos que “sólo aprecian” quienes los pintan.
Bernny Ojeda, estudiante de enseñanza media de un prestigioso establecimiento local los describió como “feos” y agregó que ella no podría pintarlos.
Su acompañante, Gonzalo Angulo, lamentó que un paisaje hermoso y turístico, hubiera quedado como está por la acción de desconocidos pintores.
Vecinas y vecinos del sector apenas contuvieron su indignación porque apreciaron que hasta la señalética turística había sido rota, pintada y destruida.
Otros vecinos pidieron que, pese a todo, el municipio plantara, otra vez, flores y adornara mejor el área, que cuidara más el pasto y que cuando se recuperara el adoquinado de la calle Monseñor Fagnano, desde Avenida España hasta la calle Señoret, no volvieran a dejarla peor a como estaba antes de reiniciar los trabajos.
Pero eso no es todo: al daño causado con la expresión del mal llamado “arte joven”; arte urbano”, arte rebelde” o como quiera llamársele, se sumaron consignas huecas y de una soberbia de por sí llamativa para quienes las escribieron y para quienes pierden tiempo dándoles lectura.
A eso debe sumarse el hecho de que los fines de semana, el sector de Fagnano con Señoret se transforma en un bar al aire libre y a oscuras, donde se han llegado a encontrar tiradas hasta quince botellas de licor, cervezas, “ladrillos”  de vino tinto y del otro, más una que otra gaseosa, consumidas, al parecer entre gritos, música y verdaderos aullidos de alegría …que no agradan, precisamente, a los vecinos que deben soportarlos casi toda la noche y que sólo desaparecen con la luz del día sábado o la de los domingos.
Que falta presencia policial, por supuesto. Que se consume alcohol a destajo, también. Que la millonaria inversión en el mejoramiento del sector para contribuir al turismo, al solaz de los visitantes y a aumentar la calidad de vida de los residentes en el sector, parece perderse a manos de los vándalos desconocidos.
Y los vecinos se preguntan: ¿quién o quiénes le pondrán el cascabel al gato? ¿O deberá ocurrir una desgracia después de un borrachera o una riña para que se adopten medidas para la seguridad ciudadana en un sector que está cerca de todo y de todos?

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