Al Colegio de Periodistas de Magallanes

El lunes, este diario publicó una columna de mi autoría titulada: “…Una generación de Maricas…”. Como resultado, el Colegio de Periodistas de Magallanes difundió una carta pública, donde me acusa que (y cito textual): “A través de expresiones basadas en prejuicios y estereotipos violentos se alude en términos desdeñosos a las diversidad sexuales, movimientos feministas, y pueblos originarios”, aludiendo posturas de Naciones Unidas, Comisión Interamericana de Derechos Humanos y cuando organismo internacional pudo googlear, copiar y pegar (olvidaron agregar los términos “libertad de expresión” en el buscador, porque hubiese encontrado: más resultados, más ONGs y más declaraciones, para copiar y pegar).

Quizás la ignorancia y la desidia del Directorio del Colegio de Periodistas de Magallanes, que solo pudo leer el título de la columna y no el texto de la misma, los llevó a la acusación anterior, dejando de lado convenientemente expresiones mías como: “…las personas con distintas opiniones y visiones del mundo, (deben) co-existir a través de la tolerancia…”.

Primero hagamos un breve análisis de la palabra marica, que tanto odio generaría. Según la Real Academia de la lengua Española, la palabra “marica” se define como: ”Dicho de un hombre: Apocado, falto de coraje, pusilánime o medroso”. Si el Colegio de Periodistas de Magallanes no entiende el significado de marica, menos podremos explicarles palabras como: pusilánime o medroso. Espero al menos que mi rudimentario español o castellano, se  entienda mejor, frente a las expresiones internacionales del Colegio de Periodistas de Magallanes, como “…le otre y el otro” (supongo será Francés, disculpen mi ignorancia).

La comprensión lectora del Colegio de Periodistas de Magallanes, fue tan exigua que la columna apuntaba justamente a la falta de coraje de algunos en expresar sus ideas en libertad y públicamente, sin miedo a que supuestas autoridades morales y éticas (como el Colegio de Periodistas de Magallanes), tilden esas opiniones de “mensajes de odio” y pretendan censurarlas. Ahora, si alguno de los miembros del Colegio de Periodistas de Magallanes, se siente aludido por alguna de las demás acepciones de la palabra marica, ese ya es un tema del ámbito personal y privado, al cual no me referiré.

A pesar de lo anterior, que raya casi en lo anecdótico, sumado el sesgo político de estos Colegios de Profesionales que en la práctica funcionan más bien como sucursales de partidos políticos (motivo de la primera columna, que tuve la oportunidad de escribir en este diario), lo alarmante es que sean Periodistas quienes propicien y cataloguen de “urgente” retomar proyectos de ley que apuntan a coartar libertades constitucionales e individuales, como la libertad de expresión y el derecho a pensar diferente, señalando el Colegio de Periodistas de Magallanes: “…la urgente necesidad de una ley que regule la difusión de mensajes de odio”, intentos de proyectos que ya han sido catalogados, como inconstitucionales. ¿Quién determina, que en el ejercicio de la libertad de expresión alguien trasmita un “mensaje de odio” o es efectuado en “términos desdeñosos”, como pretende el Colegio de Periodistas de Magallanes?

No se engañe, a eso no se le denomina “mensaje de odio”, a eso se le llama: censura previa. Seguramente el Colegio de Periodistas de Magallanes estaría mucho más cómodo y con menos “mensajes de odio” en las dictaduras de Maduro, China, Norcorea, Rusa o Cubana, o en otras pretéritas y más cercanas, como las de: Pinochet, Stroessner o Banzer. En no existen “mensajes de odio”, en la prensa o medios de difusión, porque existen leyes y decretos mordazas (como los que propicia y pide de carácter urgente, el Colegio de Periodistas de Magallanes), que impiden la libre expresión a los ciudadanos, y aquellos que no la cumplen se arriesgan a estar: desaparecidos, presos, torturados o asesinados, muchos lamentablemente también, periodistas.

En Chile (no sé si podré afirmar lo mismo el próximo año), la actual Constitución establece como un derecho la libertad de emitir opinión y la de informar, sin censura previa, en cualquier forma y por cualquier medio. La existencia de medios independientes en Magallanes, como el Diario El Pingüino, que dan cabida a más de 35 columnistas con ideas contrapuestas y sin censura previa, no solo nos protege de instituciones como el Colegio de Periodistas de Magallanes y sus afanes totalitarios, con leyes mordaza, una “prensa ética”, y como ellos la definen, además, con un “compromiso político”.

Por eso, gracias a la Constitución, diarios independientes y pluralistas como El Pingüino, tanto la opinión del Colegio de Periodistas de Magallanes, la mía y de muchos otros ciudadanos, aún pueden ser emitidas, publicadas y debatidas, sin amenazas, descalificaciones y propiciando leyes mordaza, como pretende dicho gremio.

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