Hace un par de años
conocimos a una viajera que hizo escala forzada en Punta Arenas por un
par de semanas mientras esperaba los repuestos de su moto averiada. Anna
nos contó de su sueño de recorrer el mundo y conocer gente nueva,
partiendo desde su natal Ucrania para recorrer primero el norte de
África y luego América del Sur. Desde acá partió hacia el Norte y cuando
se le acabó América, enfiló nuevamente hacia África.
Estaba
en Namibia cuando estalló el conflicto ruso-ucraniano, y luego de una
breve campaña para conseguir fondos y dar a conocer la situación en su
tierra natal, decidió partir a su país para enrolarse como voluntaria en
el ejército. En su Instagram ha comentado que echa de menos la libertad
de rodar sin límites ni compromisos, lo que contrasta con su nueva vida
de seguir órdenes e instrucciones como recluta en entrenamiento. No
está allí porque tenía que estar, ni era su obligación; pudo haberse
quedado en África y seguir su camino; pero sintió que su deber era ir a
defender su patria.
Lo
que puede verse como resignar su libertad es en realidad todo lo
contrario, eligió libremente; ejerció la libertad de elegir un camino
que le impone duras tareas – y riesgos – para defender precisamente lo
que ella juzgó como prioritario. Tal como ella misma lo comenta, esa
difícil encrucijada se ha transformado en la decisión más libre que pudo
haber tomado, al elegir el sacrificio para luchar no sólo por su
libertad sino la de su tierra. ¡Qué gran ejemplo!
No
conozco Ucrania ni a otros ucranianos aparte de Anna; pero si ella
representa el espíritu de ese país, resulta fácil entender la dura pelea
que le están dando al agresor.
Viendo
nuestra historia, no es difícil hacer un paralelo entre la experiencia
de Anna y lo sucedido en Chile durante la Guerra del Pacífico,
especialmente después de la gesta de Prat en Iquique, que motivó a
muchísimos voluntarios a dar la vida por la Patria.
Quiero
creer que nuestra juventud conoce la historia de Prat, Carrera Pinto y
tantos otros que dieron su vida para construir el país que hoy tenemos,
nuestro país. Desgraciadamente, hoy los énfasis parecen estar más en
exacerbar las diferencias que en fortalecer lo que nos une para
construir y trabajar por el bien común, con una postura egoísta que poco
tiene que ver con el idealismo de los héroes mencionados.