Boric, de la moda a la realidad

Gabriel
Boric llegó a La Moneda prometiendo solucionar infinidad de problemas,
de los cuales los más destacados eran descontento social, brutalidad
policial, desigualdad extrema.

Él
no sería garantía para los interesados en mantener el status quo. Todo
lo contrario. El programa de Apruebo Dignidad prometía “un nuevo Chile”,
donde “el mercado deje de ser el principio estructurador de la
sociedad”, a través del fin de las AFP, un sistema universal de salud y
el “cambio estructural de nuestra matriz productiva”, para “avanzar
hacia un nuevo modelo de desarrollo”.

Otros
compromisos incluían el impuesto a los súper ricos, legalizar el
aborto, crear un Banco Nacional de Desarrollo, eliminar a los delegados
presidenciales en regiones, y duplicar el presupuesto de cultura. Gran
parte de este programa ni siquiera llegó a impulsarse.

Boric no sabe como hacerlo y decidió esperar el empujón del plebiscito del 4 de septiembre.


Echó así por la borda lo única posibilidad de tener una iniciativa
política para lograr parte de su agenda de gobierno propuesta.

El
Boric candidato vestía poleras contra el TPP, al que calificaba de
“inaceptable”. El Boric Presidente lo firmó. El Boric candidato prometía
refundar Carabineros. El Boric Presidente mantiene en su cargo a un
general director a punto de ser formalizado por violaciones a los
Derechos Humanos. El Boric candidato criticaba ácidamente la
convocatoria al Consejo de Seguridad Nacional. El Boric Presidente lo
convocó. El Boric candidato denunciaba que “el uso de las Fuerzas
Armadas para responder a los conflictos sociales ha explicitado la
degradación autoritaria del gobierno”. El Boric Presidente ha ido mucho
más allá en esa “degradación autoritaria”, convirtiendo los estados de
emergencia en permanentes. Si se le mide contra sus propias promesas, el
balance de la primera mitad del gobierno es paupérrimo: apenas ha
cumplido un puñado de propuestas, como la jornada de 40 horas o el
aumento del sueldo mínimo. Lo lamentable es que hay cierta comodidad en
este status quo. Mal que mal, el Presidente mantiene una base fiel de
apoyo en el 26% de la primera vuelta de 2021. Si todo sigue así, saldrá
de La Moneda sin haber solucionado ninguno de los problemas que
diagnosticó, pero con su base electoral intacta y una larga carrera
política por delante, con años de sobra para esperar que el tiempo sea
misericordioso con sus errores, y la nostalgia haga su trabajo. La
cuestión es entonces, ¿para qué gobernar? ¿Qué sentido tiene llegar a La
Moneda sólo para contar los días que faltan para salir de ella? Las
modas pasan, las causas se acaban y al parecer estamos cada vez más
cerca de que las ideologías vuelvan a ser los pilares de democracia, ya
que prometer lo que la gente desea fue fácil, pero aplicarlas sin saber
como hacerlo es lo que arroja este medio tiempo del gobierno como lejos
el peor gobierno desde que volvió la democracia.

En
resumen para el gobierno los problemas los solucionará el tiempo no las
acciones que pensaron que podían realizar, o sea no saben como hacerlo.

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