Los
candidatos entran en tierra derecha, se preparan para la arena
municipal y parlamentaria, todos con la pretensión de mostrarse cerca de
la gente, todos sensibles con el coronavirus, sus efectos sociales,
dramas y dramones a gusto del consumidor, al extremo de saturar las
redes sociales con consignas, querellas, acusaciones que afecten la
imagen del contendor y ojalá muestren su indolencia, descalificaciones
en torno a las políticas públicas implementadas, en que se critica todo,
en forma tal que se responde de todo lo que se dice y no se hace y si
se hace y no se dice igual se pagan las consecuencias como si no se
hubiese hecho nada. En definitiva el coronavirus se ha transformado en
una oportunidad excepcional para la propaganda desmesurada que justifica
acciones y decisiones, con la finalidad única de ganar en legitimidad y
convocar el apoyo ciudadano.
El gobierno y la oposición no hacen sino transmitir imágenes de si
mismos que esperan sean más eficientes que sus decisiones, ideologías o
discursos, de lo que se trata es de comunicar un inconmensurable amor
el prójimo, que gracias al poder de la televisión y las redes sociales
conmueve hasta las lágrimas, poco importa que no haya recursos para las
escuelas públicas, que el teletrabajo de cientos de miles de
funcionarios y trabajadores sea imaginario, que se agoten las arcas
fiscales, todo ello se compensa con elevar las penas para el desacato a
la cuarentena, que por cierto no cuesta nada, siempre es barato
sancionar al menos en el discurso, porque lo cierto que es que muchos de
estos infractores terminaran en salidas alternativas o en el mejor de
los casos traerán consigo la cárcel para el pobre que necesita
movilizarse y trabajar.
A nivel comunal se infunde temor por el rebrote, se propone una
nueva cuarentena y por cierto quienes hacen la propuesta tienen su dieta
segura y un púlpito pagado, del cual carece el modesto trabajador, que
si es preciso, deberá invertir en un traje de astronauta para poder
trabajar y sostener a su familia, la ligereza llega a niveles
inaceptables.
Nuestra región continua siendo privilegiada por el bajo número de
decesos y contagiados, que se ha logrado en gran medida a una
infraestructura hospitalaria y equipamiento de excepción y al trabajo
abnegado del personal de la salud, que ha tenido un lenguaje responsable
en como comunica, no se puede generar alarma y pánico colectivo
gratuitamente, por cierto la temeridad en las comunicaciones no es punible.
Las cifras le saldrán caro al gobierno no porque sean de la
exclusiva responsabilidad del ex ministro Mañalich, sino porque mentir
no es recomendable si se quiere proyección política, conservar el poder y
ganar las próximas elecciones, el problema es que en la vereda de
enfrente no está más clara la cosa, se anuncian a diario querellas que
no tienen ningún destino ni generan credibilidad en la población y, con
suerte se agotan en el titular y en el papelero después de la
declaración de admisibilidad.
En tiempos de campaña y, en medio de tanto espíritu de unidad y
solidaridad, es preciso confiar en el ciudadano y la dueña de casa, cuya
experiencia de vida les ha enseñado a percibir con claridad, que las
situaciones extremas son una formidable oportunidad para descubrir como
la pequeñez y el oportunismo ponen en riesgo su propia suerte. Al final
ya no cree en vacunas milagrosas, la saliva de llama, las plegarias
sanadoras, los ofertones de campaña, y las declaraciones altisonantes
acerca de cómo se preocupan de nuestra salud pública promoviendo el
distanciamiento social, la recordada Sra. Juanita, con sentido común, se
ocupa de su propia integridad física y psíquica y la de su familia,
entendió rápidamente que siempre es un buen ejercicio desarrollar la
voluntad, comprender que no depende de nosotros matar el virus u obtener
una vacuna pero si asumir la responsabilidad personal de aprender a
vivir en pandemia.