¿Cómo se llama la obra?: Incertidumbre

La semana pasada se cumplieron 2 años del segundo periodo del Presidente Piñera. Este aniversario pilla al Presidente y su gobierno con apenas un 6% de apoyo. Antes del estallido social el presidente y su gobierno ya venían sostenidamente a la baja. El aumento del desempleo, un crecimiento económico muy por debajo de lo prometido en la campaña, el cierre de fábricas emblemáticas, el aumento de la delincuencia y temas como pensiones y medio ambiente complicaban su gestión. Básicamente el presidente prometió un País y su gestión muy poco ha ayudado a construir ese Chile ideal, un Chile que en plena Crisis no tuvo vergüenza de calificar como un oasis, pero que estaba sólo en su cabeza pero no en la realidad.
Recordemos que los ejes de este gobierno en campaña fueron más seguridad y mayor crecimiento y que la continuidad de la propuesta reformista del gobierno de la Presidenta Bachelet significaba crisis, destrucción e inseguridad. Lo que caricaturizó como “Chilezuela”. Ambas promesas no se cumplieron. Abiertamente se produce un estancamiento del desarrollo, descuidando las cifras microeconómicas, privilegiando el discurso tecnocrático y lleno de indicadores que daban cuenta de un país en lo macro, pero vacío de contexto, vacío en el día a día que viven cada uno de los chilenos. La desconexión con la gente del Presidente, su gabinete y la gestión refleja un manejo comunicacional y político errático y por sobre todo nada empático con la población.
Desde 18 de octubre tenemos un Presidente descolocado que insiste en ideas y proyectos fuera de contexto que no dan cuenta de la realidad política y social del País. El 18 de octubre marca el fin del programa de gobierno planificado pero el presidente aún no lo entiende.  Y es que Piñera insiste en propuestas represivas ante un problema de índole social y político y con proyectos caducados basados en evaluaciones y exigencias irreales post estallido social. Es por ello que es prácticamente unánime la opinión de que el presidente no ha sabido manejar la crisis que afecta al país, focalizando su acción en temas de seguridad más que en las demandas ciudadanas.
Punto aparte es la violación de derechos humanos en el país, que se desprende justamente del frenético empeño del Ejecutivo para blindar y dar más atribuciones a las fuerzas de orden y de seguridad. Distintas organizaciones nacionales e internacionales han calificado de graves las violaciones a los derechos humanos en Chile. Una policía poco profesional parece tener cero control por parte del ejecutivo y a rienda suelta recae una y otra vez en el uso excesivo de la violencia, el abuso y actos criminales. Sin duda un manto negro en la evaluación de estos dos años
En lo local, la palabra incertidumbre resume la gestión. Autoridades escasamente empoderadas esperando respuestas desde Santiago, desconectadas de la realidad, con nula capacidad interpretativa y propositiva ha sido la tónica de los 2 primeros años. En comparación, pasados 100 días la presidenta Bachelet anunciaba el Plan de Zonas Extremas, con una cartera de proyecto, financiamiento y un mecanismo de evaluación para facilitar su concreción oportuna. Hoy nada de eso tenemos y la inversión pública a mediano y largo plazo es un misterio. Ante tanto desastre es obvio que la gestión está al debe en lo nacional y regional.

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