Hablar
de pandemia, de crisis sanitaria, Estado de Emergencia, medidas de
protección personal, ya se nos hace tan familiar que probablemente con
el paso de los meses (15 meses ya) hemos mecanizado y normalizado lo que
significa convivir con un virus que cobra vidas y que deja secuelas que
pueden llegar a ser permanentes.
A
pesar de que los datos son entregados a diario desde el Ministerio de
Salud, hemos estado escuchando números, cantidad de personas
contagiadas, cantidad de personas fallecidas, cantidad de camas críticas
y tal vez, solo tal vez, no nos hemos detenido a pensar que detrás de
cada número hay una persona, una familia, amigos, compañeros de trabajo
que ya no volverán a compartir con ese ser querido.
Hay
muchas situaciones que han sido invisibilizadas en nuestro entorno,
normalizadas al punto de pasar desapercibidas, pero de pronto la vida
activa el freno de mano y obligadamente te lleva a sentir el dolor de la
pérdida, la angustia de la muerte y la tristeza del vacío que deja la
persona que se va.
No
debería ser necesario crear conciencia únicamente desde la experiencia
personal, debiese ser suficiente el dolor de cada familia, de cada
persona que vive el irremediable duelo, porque detrás de los más de
30.000 fallecidos hay historias que se pudieron haber evitado y que
pudimos haber prevenido si la información no estuviera mecanizada.
Cuando
creamos una real consciencia de lo vivido, la conducta se vuelve
disciplinada, cautelosa y generosa, entendiendo que cada comportamiento
puede tener una consecuencia positiva o negativa, dependiendo de la
responsabilidad con la que se lleve a cabo.
Y
es que las campañas comunicacionales, los discursos de los diferentes
actores (autoridades, personal de la salud y testimonios), están ideados
justamente para poder contribuir a que tomemos todas las medidas
necesarias para prevenir la transmisión de este virus que tanto dolor ha
causado en el mundo entero.
Y si bien no todos los escenarios son prevenibles, hay muchos que sí lo son, y como ciudadanos podemos contribuir con conductas preventivas que, sin lugar a dudas, sumarán esfuerzos para comenzar a erradicar la pandemia.
En
la Región de Magallanes ya hemos visto los frutos del compromiso de la
comunidad y de las medidas establecidas. Comenzamos nuevamente con el
proceso de desconfinamiento que permite mayor libertad, reactivación y
alivio a todos quienes se encuentran agobiados con las restricciones a
la movilidad y las medidas sanitarias, pero cierto es que debemos tomar
el proceso con calma, poniendo un especial énfasis en la responsabilidad
y el autocuidado, porque el virus sigue entre nosotros y no discrimina a
la hora de atacar a un ser querido o a nosotros mismos. Hoy no sabemos a
ciencia cierta cuál será la reacción de nuestro cuerpo, y la verdad es
que no queremos que la consciencia llegue con el dolor de una pérdida.
Esta
semana perdimos a una hermosa mujer producto de esta nefasta
enfermedad, nos quedaremos con el recuerdo de su sonrisa, compromiso y
disposición a la ayuda permanente. Una mujer que dejó huellas
imborrables en nuestros corazones y que no será un número más en el
reporte, sino que vivirá para siempre en la memoria de quienes tuvimos
la fortuna de conocerla.