Aunque parezca una paradoja, los evaluadores por excelencia -los profesores- también son puestos bajo la lupa cada cierto tiempo para calificar sus competencias pedagógicas en las aulas para ubicarlos en alguno de los niveles definidos para ello, instancia denominada encasillamiento.
De visita oficial en Punta Arenas, el director nacional del Centro de Perfeccionamiento, Experimentación e Investigación Pedagógica (CPEIP) del Ministerio de Educación, Jaime Veas, conversó con Diario El Pingüino acerca de la carrera docente y el rol de los educadores en la reforma a la educación pública.
-¿Cuál es su evaluación respecto de las competencias de los docentes en Chile?
“Cerca del 60 por ciento se ubica en los niveles competente y destacado de la evaluación docente. Casi un 30 por ciento está en el nivel de básico y un porcentaje muy menor está en el nivel insatisfactorio. A partir de esto tenemos el desafío importante de acompañar el desarrollo de nuestros docentes ubicados en los niveles básico e insatisfactorio con planes de superación profesional financiados por el Estado e implementados por las distintas comunas. De 1.155 profesores evaluados y encasillados en la Región de Magallanes, 376 están en los tramos avanzados Experto 1 y Experto 2”.
-¿Qué se hace para motivar a los profesores en la búsqueda de la excelencia?
“El sistema de desarrollo docente se encamina en esa línea, porque las remuneraciones están asociadas a los tramos de desarrollo profesional, que son cinco y describen la trayectoria de un profesor. Por cierto, las remuneraciones más altas corresponden a Experto 1 y Experto 2. Lo que les decimos a los docentes como sistema es que en la medida que evidencien tener competencias pedagógicas y dominio curricular de los contenidos que enseñan irán mejorando sus remuneraciones”.
-¿Cuánto de vocación hay en las carreras pedagógicas?
“Los profesores normalistas dicen que existe la vocación y que es la disposición a ser profesor, que se refiere a ciertas habilidades, actitudes y disposiciones que un joven posee incluso en la enseñanza secundaria. Cuando una niña o niño se preocupa de las tareas de sus compañeros, ese es un candidato a profesor. Esto lo sabían en la escuelas normalistas y lo cultivaban”.
-¿Cuánto de verdad o mito hay en que los profesores normalistas eran mejores que los formados en las universidades?
“Los profesores normalistas tenían una formación distinta a la de los profesores universitarios. Para empezar, partían muy tempranamente en su preparación formal, que en tiempo excede por lejos a la de un universitario. Sin duda, fueron un extraordinario aporte a la pedagogía en Chile y en América Latina. Muchos de ellos salieron a formar profesores en el resto de la región. Mucho de lo que ellos hicieron lo estamos incorporando en la formación inicial”.
-Vivimos en un mundo altamente tecnologizado y cambiante. ¿Por que aún las clases se realizan en aulas cuadradas donde el profesor es más un dictador que un facilitador?
“Ese es el gran desafío de la pedagogía, en eso estamos. Nosotros queremos tener escuelas felices para Chile. Uno puede aprender de manera entretenida y el aprendizaje es bastante más significativo si se hace en esas condiciones. Hoy se trata de descomponer las aulas, de aprender incluso fuera de ellas. Necesitamos nuevos estilos metodológicos para trabajar con las tecnologías actuales, que son herramientas de aprendizaje”.