De la crisis ambiental a la crisis social en Chile

Los hechos políticos y socioeconómicos que estamos observando en las distintas esferas del quehacer local, regional y mundial, son producto de nuestras grandes o pequeñas decisiones. En el restringido dominio de nuestro país, hemos vivido en el último tiempo un dramático y agudo destape de todas las contradicciones vivenciales y sociales posibles de imaginar y que, como elementos de una gran clase media, fuimos produciendo, reuniendo y, finalmente, tapando bajo la alfombra de nuestras frágiles conciencias. El desencuentro producido por efecto de una política imprecisa y funcional a “intereses superiores”, dejó en evidencia la marginalidad y disfuncionalidad social de unos y el consumismo privilegiado y exagerado de otros. A la luz de lo que observamos en cada instante en que volvemos al país idealizado pre-crisis, en sus propagandas, en sus noticias normalizadas, en sus ofertas, en sus divertimentos, pareciera que un tercer elemento sigue estando ausente del gran debate: posiblemente la verdadera y auténtica “eminencia gris” de la trama en la cual estamos envueltos que no es otra que el sistema en sí. Un sistema con promesas quebrantadas y compromisos insatisfechos. En este escenario realista, comprobamos que una demanda más crucial aún está en plena fase de desarrollo: es la demanda obligada por nuevas formas de desarrollarse en un ambiente que recoge de manera sostenida todos nuestros desechos y todas nuestras planificaciones orientadas a la producción de bienes basadas en la explotación ilimitada de recursos limitados. La crisis ambiental también es la base para la crisis social que vivimos quienes conformamos ese segmento intermedio confrontado por sus propias realidades. No hay espacios para la reflexión madura sobre el drama ambiental en el cual estamos insertos como actores y observadores, dado las urgencias materialistas del presente y ha quedado pendiente el esfuerzo de muchas organizaciones ciudadanas por generar líneas de acción que abran perspectivas de futuro, incluyendo entre ellas el aporte ético que estaba proponiendo la Masonería chilena. En palabras del Gran Maestro de la Gran Logia de Chile “Se trataba de un enorme esfuerzo de construir una ética de la vida, que involucre a todos los seres humanos en la preservación del planeta que nos cobija, aún con nuestros excesos”. Nuestro mundo de posibilidades se empequeñeció súbitamente, limitado por la intolerancia, la violencia, el abuso. Es probable que, cuando volvamos a levantar los ojos y enfrentemos las propuestas tanto de la Cumbre COP25 como de la Contra-cumbre paralela que alberga la posición ciudadana mundial, tengamos que sumar muchos años a nuestro colonial y oligárquico retraso social. En Madrid hoy se discute acerca de las posibilidades de desarrollo sustentable pero, al mismo tiempo, se cuestiona el modelo neoliberal de crecimiento, es tema el drama a corto plazo de los océanos, la Universidad Complutense se abre al diálogo científico y social. Nuestra realidad de país nos obliga a poner la mirada en otra dimensión, para tomar decisiones comunes entre quienes hoy nos estamos enfrentando.

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