(Fuente : Suplemento Análisis Diario El Pingüino)
“Mi marido falleció hace poco más de cuatro años, de un cáncer linfático fulminante, en el mes de octubre y ya en diciembre de ese mismo año, estaba detrás del volante de un bus de Movigas”, contó Carmen Fernández Vega.
“Tenía una hija de apenas nueve años, que estaba estudiando y había que enfrentar la vida sin mi marido, así que empecé a trabajar como chofer profesional y he estado aquí durante más de cuatro años”, afirmó.
Para ella, “los fierros” no eran desconocidos porque uno de sus tíos, que era marino, manejaba esos camiones estadounidenses grandes, pesados y poderosos y así fue aprendiendo la técnica que la hizo conductora profesional.
“Antes de incorporarme a esta empresa, que me ha tratado muy bien, dándome la oportunidad de trabajar, manejé taxis colectivos, en la antigua Línea 11, y recuerdo a los autos “Chevrolet Diplomata” y un “Celebrity”, con los cuales gané más experiencia”, afirmó Carmen.
“Cuando quedé viuda, tenía a mi hija y una pensión de cien mil pesos, así que había que luchar y salir adelante y eso hice”, recuerda con satisfacción.
ESTUDIANTES
“Con los estudiantes nunca tuve problemas. Recuerdo lo educados que eran los del Liceo Juan Bautista Contardi, a muchos de los cuales los transporté en el bus que conducía y que era de la Línea 8. Tampoco tuve ningún accidente, excepto el de una señora que sufrió una caída dentro del bus y se fracturó una muñeca”, recordó.
Sus compañeros de trabajo la trataron siempre muy bien y tiene palabras de reconocimiento para todos ellos y para los ejecutivos de la empresa que, por más de seis años, manejó la flota del transporte de pasajeros en Punta Arenas, Ricardo Mac Namara y Samuel Redel.
– ¿Alguna anécdota que recuerde más especialmente?
“Hubo muchas, agradables y otras no tanto. Por ejemplo, en una oportunidad, se subió un señor algo borrachito que ‘se hizo el lindo’. Preguntó de todo, lanzó piropos, sentado apenas detrás de mí, pero nada obtuvo y nunca más volvió a subirse al bus. Hubo otros que también se las quisieron dar de conquistadores, pero les pedí que dejaran de molestar”, o sea, les hizo saber que no estorbaran la pasada y despejaran el pasillo porque para los conductores de buses urbanos, casi siempre, “atrás hay asientos”.
LA SALUD
Manejar un bus como los de Movigas no es tarea fácil y el trabajo pasa la cuenta.
“Tengo una hernia cervical que me iré a tratar en el Hospital Militar de Santiago porque Tatiana, de 34 años, es militar; Claudia, de 32, está casada con un militar” y de ahí para abajo vienen militares (31), técnico en enfermería (28) y un soldador (24) que tienen sus vidas hechas”, dijo con emoción.
MENSAJE
“Yo espero que quienes nos reemplacen en este trabajo les vaya muy bien. Que no tengan problemas ni accidentes. Que los estudiantes sigan siendo educados y que se mantenga el buen trato, el apoyo y la comprensión entre los nuevos y los antiguos profesionales del volante que estarán al frente de los buses que nos reemplazarán”, agregó Carmen Fernández.